Como cada año desde 2014, volvemos a sentarnos frente a las fotos para hacer nuestro ya clásico resumen viajero de 12 meses, 12 fotos. Ese momento de rebobinar meses, destinos y anécdotas que tanto nos gusta. La idea para 2025 era tomárnoslo con más calma, pero bueno… si ya nos conoces, sabrás que eso de estarnos quietos nunca se nos ha dado especialmente bien.
Entre vuelos improvisados, road trips, familias, amigos y alguna que otra sorpresa, el año volvió a llenarse de viajes. ¿Te vienes a recorrer nuestros momentos viajeros del 2025?
Enero: Malasia
Empezamos el año por todo lo alto, con un chapuzón en una piscina con vistas a las Petronas y, tras unos días relajados por Kuala Lumpur, una de las ciudades que más nos gustan de Asia, pusimos rumbo a nuestra querida Tailandia… pero acabamos en la embajada. Sí, sí, Lety tenía un pequeño desperfecto en el pasaporte y no nos dejaron embarcar. Cara de póker, sudores fríos y un “¿pero cómo que no?” que aún resuena en el aeropuerto de KL. Madreeeeee del amor hermoso.
Lo que vino después fue un festival de papeleo, llamadas, idas y venidas, y alguna risa nerviosa para no llorar que no sirvió mucho. Días intensos, mucha paciencia, los astros que se alinean para que el consulado italiano de Barcelona y la embajada de Kuala Lumpur trabajen bien y rápido y voilà: el hecho pasó un viernes y el martes volamos a Tailandia con pasaporte nuevo, ganas multiplicadas y la sensación de que el viaje, ahora sí, acababa de empezar.
Febrero: Tailandia (norte)
Casi besamos el suelo al llegar a Chiang Mai, pero no teníamos tiempo que perder: ya empezábamos tarde nuestra ruta en coche por el norte de Tailandia y había que acelerar la cosa. Primera parada: Chiang Dao (¿la nueva Chiang Mai? El tiempo lo dirá, pero nosotros apostamos fuerte a que sí).
Ya habíamos visitado varios sitios del norte de Tailandia, pero en este road trip descubrimos un sinfín de rincones espectaculares… siendo Ban Rak Thai la gran sorpresa del viaje. Sí, por un segundo creímos haber acabado en China. Esta diminuta aldea, completamente distinta a cualquier otro rincón de Tailandia, se esconde entre colinas tapizadas de bosques de pinos y suaves terrazas de té. En el centro del pueblo, un lago repleto de barcos tradicionales. Una auténtica maravilla, vaya.
También visitamos Pai, Mae Hong Son, el Parque Nacional Doi Inthanon y acabamos, cómo no, en nuestra querida Chiang Mai, donde pasamos un mesecito divino.
Marzo: Tailandia (Kanchanaburi, Bangkok y Koh Samet)
Pero tras tanto norte, ya nos entraron ganas de pisar otras zonas de Tailandia, así que nos montamos en un bus rumbo a Kanchanaburi (Rober ya lo conocía, pero para Lety fue su primera vez). Esta ciudad es famosa porque aquí está el mítico puente sobre el río Kwai, construido durante la Segunda Guerra Mundial como parte del llamado ferrocarril de la muerte, levantado por prisioneros de guerra y trabajadores forzados en condiciones extremas.
Tras un breve paso por Bangkok, el cuerpo nos pedía aguas turquesas y arena blanca, así que nos fuimos a Koh Samet que, contra todo pronóstico, nos hizo sentir tan a gustico que todo pinta que volveremos a verla pronto, jeje.
Antes de despedirnos de Tailandia y volver a la vida real, hicimos una última parada en Bangkok para exprimir unos días de caos maravilloso, comidas ricas y baratas y esos paseos en barco por el Chao Praya. Y mientras Lety se daba el homenaje final entre massaman curry y mercados, Rober se marcó una escapada exprés a Buriram para vivir el GP de MotoGP.
Abril: Lago de Garda
Volver a casa sienta muy bien, pero un viaje con amigas aún más. Así que abril lo vamos a recordar, bueno, siendo precisos, se queda marcado para siempre en la memoria de Lety gracias a este viaje tan especial con sus amigas Sara, Marta y Cristina.
El Lago de Garda fue el escenario perfecto para unos días de risas infinitas, charlas sin filtros delante de un Spritz Aperol, recuerdos de los ‘90 y esos cantes y bailes que solo los Backstreet Boys en persona podrían igualar. Es increíble comprobar cómo el tiempo y la distancia no pueden con ese cariño tan auténtico que solo algunas amistades de la adolescencia saben conservar.
Mayo: Umbría
En mayo volvimos a subir a un avión rumbo al Belpaese y ya os avisamos que no será el último viaje por Italia. Empezamos una ruta en coche por Umbría sin demasiadas concesiones al descanso, de las que se exprimen hasta el último kilómetro y te dejan feliz, cansado y con la tarjeta de memoria pidiendo auxilio.
Ciudades con historia como Perugia o Asís, pueblos encantadores como Spello o Castelluccio di Norcia y carreteras secundarias que nos hicieron parar más veces de las previstas porque, simplemente, no podíamos no hacerlo. En serio, qué bonita es esta zona: Umbría es Toscana sin turismo.
También aprovechamos para conocer la Cascata delle Marmore, la más alta de Italia, que nos dejó felices y bastante más empapados de lo previsto. Y luego está la comida. Ay, la comida. Pasta, más pasta y aún más pasta, casi siempre con trufa (y pensar que hace unos años no éramos especialmente fans).
Mayo fue también el mes elegido para recorrer con los padres de Lety zonas de la Costa Brava, uno de los grandes tesoros de Cataluña (¡qué suerte vivir aquí!).
Junio: Verona, Padua y Venecia
Y seguimos para triplete: en junio volvimos a Italia, pero qué le vamos a hacer si nos encanta. Esta vez no lo hicimos solos… Tras una breve parada en Bérgamo, donde volvimos a abrazar a nuestro amigo Luca, nos encontramos con la familia de Rober en Verona, la ciudad de Romeo y Julieta.
Recorrimos con ellos también Padua, donde nos conocimos y que siempre visitamos con mucha ilusión y donde, por fin, volvimos a ver a nuestro Cantelli del alma, que nos presentó a Elisa, su novia. Padova es siempre Padova 🙂
Como broche final, Venecia. Caótica, romántica, agotadora y preciosa a partes iguales. Da igual cuántas veces la visites, siempre acaba siendo un buen plan. Incluso si coincides con la boda de Bezos y un calorazo que ni en Tailandia…
Julio: Oporto, Sanabria y Galicia
Para escapar del caloret teníamos un as en la manga: un mesecito entre Oporto, Sanabria y Galicia. Vamos, si conocéis mejor plan veraniago, ya nos contáis 😉 Si el escenario fue lo mejorcito, la compañía aún mejor: pasamos unas semanitas con nuestro sobrino Iago, que siempre es fuente inagotable de conocimientos de minerales y animales marinos.
La verdad es que le hemos tomado gustirrín a pasar el mes de julio en Sanabria Sanabria y empezarlo con unos unos días en Oporto, entre casas repletas de azulejos y brindisis con Super Bock, antes de terminar por Galicia, da aún más gustirrín.
Agosto: Sudáfrica
Se me ocurre otro planazo para disfrutar de un verano inolvidable: viajar a Sudáfrica. 3 veces seguidas. ¿Culpables? Sí. ¿Arrepentidos? Ni una pizquita. Cada visita es diferente; cada carretera, cada animal y cada puesta de sol nos deja igual de alucinados que la primera vez. Siempre lo decimos: Sudáfrica es nuestra Tailandia africana y jamás nos cansaríamos de visitarla.
En este viaje nos centramos en explorar el Kruger y nos dimos un buen atracón de felinos (aunque los guepardos siguen sin querer desfilar ante nuestros ojos). Aprovechamos, además, para recorrer zonas menos conocidas del país, como Magoebaskloof, el Parque Nacional de Marakele, el Pilanesberg o Cradle of Humankind. Un viaje más raro y atípico y que, aun así, nos dejó con ganas de más.
Al final, lo confirmamos: Sudáfrica sigue en nuestro top 3 de viajes, y ya estamos con la cabeza maquinando la próxima aventura épica para 2026. Porque, seamos sinceros, un país así no se visita solo una vez (ni dos… ni diez).
Septiembre: Isla Mauricio
Cuando fuimos a Sudáfrica vimos que había un vuelo baratito desde Johannesburgo a Mauricio, ¿y cómo rechazar una oferta viajera tan apetitosa? ¡Para allá nos fuimos!
Nos esperábamos una isla ideal para viajes de luna de miel y sí, parece sacada de un catálogo de ensueño, pero es MUY real. Agua turquesa que casi te obliga a meterte nada más tocar tierra, arena blanca que quema los pies si no andas rápido y más planes de los que pensábamos.
Os lo prometemos: hay mucho que hacer en Isla Mauricio, más allá de daros besitos bajo las palmeras y tomar el sol. Visitar la Tierra de los Siete Colores, hacer una excursión a la isla de los ciervos, conocer el Jardín Botánico de Pamplemousses o, por ejemplo, pasear por Port Louis y conocer la historia del Dodo, de los esclavos y de los primeros trabajadores indios “contratados” tras la abolición de la esclavitud.
La verdad es que fue toda una sorpresa y no nos importaría volver y, de paso, conocer también a la cercana Isla Reunión (que pinta fenomenal).
Octubre: Balcanes
¡Hora de regresar a los Balcanes! Tirana, Kotor, Dubrovnik, Mostar, Sarajevo y mucho más. Y todo con la familia a cuestas… pero también con un inesperado invitado: un virus que poco a poco fue pillando a casi todos. Porque, claro, viajar con familia siempre suma risas, anécdotas y algún que otro sobresalto, pero añadir un resfriado colectivo le da ese toque épico que luego se recuerda entre carcajadas.
Tras despedirnos de los Cornejos y asegurarnos de que todos sobrevivíamos al virus (con dignidad y bastantes pañuelos), Rober y yo nos lanzamos a la segunda parte del viaje: alquilamos un cochecito y nos recorrimos Albania casi enterita (volveremos para explorar los Alpes, eso es una promesa).
Noviembre: Marruecos
Noviembre fue marcado por el roadtrip que hicimos con nuestros amigos Marina, Txema y su pequeño (cada vez menos pequeño) Lucas por Marruecos. Sí, sí, el viaje prometía y no decepcionó: kasbahs que parecen sacadas de películas, mercadillos caóticos donde se pone a prueba tu paciencia y tu don de regateo, platos de cous cous no detectados, carreteras que serpentean entre paisajes de otro mundo…
Y, por supuesto, el desierto de Marruecos. Ay, el Sahara… ese gigante anaranjado que te hacen sentir diminuto, con el silencio interrumpido solo por el viento y alguna carcajada nuestra intentando no tragarnos la arena.
P.D. Lucas, bien dada la patada a Alí, ¡ese momento épico quedó grabado para la posteridad!
Diciembre: Italia, Barcelona y Sigüenza
Con las pilas ya descargadas, decidimos pasar del viaje navideño que, igualmente, la idea de beber vin brulé codo a codo con cientos (o mejor dicho, miles) de viajeros más, tampoco es que nos haga especial ilusión y optamos por pasar unos días en Friuli-Venecia Julia, en casa de Lety. Aquí, como no podía ser de otra forma, nos cebaron con comida rica (esa lasaña de calabacín y esos fricos, mmm).
También decidimos disfrutar de unos días relajados en Barcelona y terminar el año en Sigüenza, el pueblo de Rober, donde nos espera una Nochevieja con los sobrinos, las hermanas de Rob y los cuñados (que, por nuestra suerte, no son nada cuñaos).
A nivel personal, el 2025 no fue un año para tirar cohetes, pero c’est la vie y, por lo menos, hemos llegado enteritos al final del recorrido, jeje. Obvio que también tuvo sus cosas buenas (hola D y M, bienvenidas a esta locura que es la Tierra) y, hablando de viajes, que es lo que cuenta entre estas líneas, no podemos quejarnos ni una pizquita.
2026 empezará bien fuerte: volvemos un par de meses a nuestra Tailandia del alma (sin paso por KL a no ser que Capitán Garfio me pille de nuevo el pasaporte y encuentre algún desperfecto).
No nos queda que desearos un feliz final de año y un aún más buen comienzo de 2026. ¡Abrazos viajeros para todos!
* Nuestros otros años viajeros:
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