Si había una cosa que queríamos experimentar en Japón (más que comer sushi, cruzar el paso peatonal de Shibuya y sacarnos un selfie delante del torii de Miyajima) era vivir al estilo japonés, conociendo las peculiaridades de un país tan especial como este… ¿Y qué mejor manera de hacerlo que con couchsurfing? Que alguien le dé el Nobel a quien inventó esta maravillosa forma de viajar que no solo cruza fronteras físicas, ¡sino que también derrumba muros mentales!
Ocurrió en nuestro primer viaje a Japón, exactamente en la ciudad de Kobe, a la que fuimos con la excusa de vivir esta experiencia de couchsurfing en Japón y de la que nos llevaríamos un recuerdo imborrable. Posteriormente, vivimos durante un mes en el barrio de Asakusa en Tokio, compartiendo edificio con japoneses y gente de todo el mundo… pero esa es otra historia.
En este artículo te contamos cómo nos fue haciendo couchsurging en Japón, que nos llevamos de esta experiencia y lo que hay que tener en cuenta antes de lanzarse a la aventura.
Experiencia de couchsurfing en Japón
Mirando en la web de couchsurfing planificando nuestro viaje por Japçon vimos que habia una parejita joven, que parecían súper majos y que aceptaban huéspedes de todas partes del mundo. Así fue como conocimos a Kentaro, Satoko y su pequeñajo, con los mofletes más regordetes y achuchables de todo Japón.
Sato y Ken viven a las afueras de Kobe y pasamos con ellos un día de esos que se quedan grabados para siempre. Vinieron a recogernos a la estación de tren con una pancarta (adorables ellos), y nos llevaron hasta su acogedora casa, donde nos hicieron sentir como en familia desde el primer segundo.
Eso de que todos los japoneses viven en casas minúsculas es un bulo, ¿eh? Al menos en nuestra experiencia. Muchas de las casas que visitamos en nuestros viajes por Japón han sido bastante espaciosas, con dos o más habitaciones, salón, cocina y dos cuartos de baño: uno para el inodoro y otro para la ducha/bañera. Y menuda bañera tenían Ken y Sato… ¡Nos sentíamos en un auténtico sento! ¡Qué gustazo pegarse un baño ahí, de esos que te dejan blandito como un mochi!
Después del remojón, Sato nos preparó una taza de matcha siguiendo todos los pasos de la ceremonia del té, con esa calma y precisión tan japonesa. Acompañó el té con unos dulcecitos típicos (sí, de judía roja… ¡cómo les gusta!). Y oye, estaban buenísimos.
Entre sorbos y mordiscos, charlamos un buen rato sobre la vida, los viajes, el trabajo… Hasta que se nos ocurrió hacer una excursión a una fábrica de sake, ya que la zona es famosa por su producción. Allí nos enseñaron los diferentes pasos del proceso, pero lo que más nos motivó fue, cómo no, la parte práctica: ¡chupitos de sake gratis! Campai y pa’dentro.
Después de tanto sake, había que echar algo al estómago, ¿no? Así que nos fuimos a una tiendecita que vendía cosas muy… peculiares. Si os somos sinceros, no tenemos ni idea de qué era exactamente lo que probamos. Solo sabemos que estaba muy salado y que todo tenía ese inconfundible sabor a… ¿Pescado fermentado? Pero no, no era pescado. O al menos eso creemos
Lo que sí estaba de escándalo fue el okonomiyaki que nos prepararon Sato y Ken en casa. Sato es de Hiroshima, una de las dos capitales indiscutibles (junto con Osaka) de esta especie de pizza/pancake japonesa, y ¡madre mía, qué delicia! Crujiente por fuera, jugoso por dentro, y con esa salsa que es puro vicio.
Y para rematar, también prepararon yakisoba, esos noodles salteados que nunca fallan. Todo acompañado, por supuesto, de más chupitos… esta vez de sake con limón y naranja, que entraban solos. Cerramos el día con la barriga llena y el alma contenta, y nos fuimos a dormir más relajados que un gato al sol.
Una vez más vivimos una experiencia inolvidable de Couchsurfing en Japón. ¡No nos cansamos de recomendarlo! Dormir en casas de locales, compartir historias y ver su mundo desde dentro… no tiene precio.
Al día siguiente, tras un desayuno de los que se quedan en la memoria (y en el corazón) con esta pareja tan maja, nos despedimos y pusimos rumbo a una nueva aventura: llegar a Himeji haciendo autostop… pero esa ya es otra historia 😉
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4 comentarios en “Couchsurfing en Japón: nuestra experiencia en Kobe”
Increíble viaje, una pregunta: como busco personas dispuestas al couchsurfing? Como confio en ellas y como hago que confíen en mi?
Hola Jeremias! En la pagina de couchsurfing encontraras los anfitriones que estan dispuesto a alojar en el lugar y fechas que elijas, luego en sus perfiles puedes ver comentarios de otros couchsurfers que han estado con ellos y asi puedes fiarte de ellos o no 🙂 Un saludo!
También en Tokio hay?
Si 😀