Si en tu viaje a Japón no quieres perderte una visita al Castillo de Himeji, estás en el sitio correcto: vamos a contarte nuestro día disfrutando del que muchos consideran el castillo más bonito del país. Y no lo decimos solo nosotros: este castillo es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y una de las pocas fortalezas originales que ha sobrevivido a guerras, terremotos y al paso del tiempo casi intacta.
La garza blanca volvió a brillar bajo el sol de Himeji… No, no me he tomado un litro de umeshu y he empezado a delirar. Estoy hablando del castillo de Himeji, la garza blanca de Japón. Este es su apodo y no es difícil intuir el motivo: blanco, esbelto y elegante. El de Himeji es posiblemente el castillo más bonito de todo Japón. Se construyó en 1333 por orden de Akamatsu Norimura, aunque fue con Toyotomi Hideyoshi cuando, dos siglos más tarde, el castillo fue reformado y ampliado.
¿Listo para descubrir cómo visitar el Castillo de Himeji?
Cómo visitar el Castillo de Himeji
Ya lo viste: visitar el castillo de Himeji es una experiencia top en cualquier ruta por Japón. No solo es uno de los castillos más espectaculares del país, también es uno de los pocos que ha sobrevivido intacto desde la época feudal. En esta guía te contamos todo lo que necesitas saber para organizar tu visita: un poco de historia para ponerte en contexto, cómo fue nuestra experiencia recorriéndolo (¡y también cómo llegamos haciendo autostop!), cómo llegar en transporte público, y varios consejos útiles para que aproveches al máximo el día.
1. Historia del Castillo de Himeji
La historia del Castillo de Himeji se remonta al año 1333, cuando Akamatsu Norimura, un poderoso samurái local, construyó una fortaleza en lo alto de una colina estratégica. No era el castillo elegante que conocemos hoy, sino una estructura más sencilla, pensada sobre todo para la defensa.
Con el paso del tiempo, distintos clanes fueron ampliando y reforzando la fortaleza. Hasta que en 1601, bajo órdenes de Tokugawa Ieyasu, el shōgun que unificó Japón, su yerno Ikeda Terumasa recibió el encargo de transformar el castillo en una residencia señorial de prestigio. La reconstrucción duró 9 años, y fue entonces cuando se levantó la majestuosa torre principal de cinco pisos que todavía se puede ver hoy.
Durante el periodo Edo (1603–1868), el castillo pasó por manos de varios señores feudales (daimyō), pero nunca fue atacado, quizás debido a su impresionante sistema defensivo. Y eso es parte de su leyenda: es un castillo intacto, nunca fue dañado ni destruido en guerras, incendios o terremotos. Motivo por el que hoy se considera uno de los ejemplos más espectaculares de castillos medievales en Japón.
Después de la Restauración Meiji, en el siglo XIX, muchos castillos japoneses fueron demolidos por considerarse símbolos del viejo régimen feudal. El de Himeji se salvó por poco: lo compró un ciudadano local en una subasta por 23 yenes (sí, en serio) y, aunque quizás su intención inicial fue demolerlo pero se echó atrás tras conocer el coste que supondría, finalmente lo mantuvo en pie.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la ciudad de Himeji fue bombardeada, pero increíblemente, el castillo sobrevivió sin apenas un rasguño. Según cuentan, una bomba cayó sobre la torre principal, pero no explotó… algo que solo alimenta su fama de castillo invencible.
Finalmente, en 1993, el Castillo de Himeji fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y en 2015 concluyó una gran restauración que lo dejó reluciente, tal y como se habría visto hace siglos.
2. Nuestra experiencia visitando el Castillo de Himeji
Al llegar, la silueta del castillo seguro que os deja boquiabiertos como a nosotros. Parece sacado de una leyenda de samuráis: blanco, majestuoso, imponente. No por nada le llaman la Garza Blanca… con sus tejados curvados y muros encalados, parece a punto de alzar el vuelo.
La entrada principal está bien señalizada y el recinto es enorme, así que lo mejor es seguir el recorrido marcado. El camino os llevará por una especie de laberinto entre muros de piedra y puertas fortificadas que ya eran una trampa en sí mismas: estaban diseñadas para despistar al enemigo, hacerle perder el tiempo y cansarle antes de llegar al interior.
Antes de acceder al edificio del castillo en sí, se debe pasar por caja y pagar los 1000 yenes de la entrada. Y una vez en nuestras manos, ¡para adentro! ¿La verdad? El interior nos ha decepcionado un poquito. No es que nos esperásemos un ninja escondido entre las columnas de madera, ni un samurái armado listo para protegernos y darnos lecciones de moralidad, no… pero nos pareció como vacío, carente de alma.
Pon por allí un maniquí del shogún que nos dé la bienvenida, una mascota peluda que haga un baile, unos cuantos tapices… algo. Es que no había NADA, solo ventanas, tatamis, maderas y escaleras. Habíamos leído en algún blog que había recreaciones que permitían intuir cómo era la vida en el castillo durante sus mejores años, pero quizás las retiraron tras la última renovación, porque no encontramos ni la peluca del maniquí 😛
«Buuuuuuu» ya noto la decepción de los amantes de Japón. ¡Lo sentimos, el interior no nos gustó…Pero… pero… pero por fuera es una maravilla! Igualmente, buscando cosas positivas, encontramos 4:
- El culo, escalera tras escalera, se os va a poner más firme y ya no os sentiréis culpables del gyudon que os habéis comido.
- Las vistas sobre la ciudad de Himeji son muy chulas.
- Todo el complejo está bastante curradete.
- El culo, escal… ah, ya lo dije, ¿noo?
Cerca del castillo hay unos jardines japoneses (Kokoen Gardens) que merecen la visita. Este jardín es una joyita menos conocida que muchos viajeros se saltan… y error, porque es el complemento perfecto para relajarse tras la visita. Hasta vimos una garza, esta vez se trataba de una garza verdadera 🙂
3. Cómo llegar a Himeji
Si estás en Osaka o Kioto, llegar a Himeji es fácil y cómodo. Lo mejor es ir en tren:
- Desde Osaka: toma el Shinkansen (línea Nozomi o Hikari). En unos 30 minutos estarás en la estación de Himeji.
- Desde Kioto: puedes tomar un Shinkansen o el tren de JR Special Rapid. El trayecto dura unos 55 minutos.
→ Con cualquiera de estas opciones, el tren es la forma más rápida y cómoda de llegar, y si tienes el Japan Rail Pass, puedes usarlo para el viaje.
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4. Nuestra experiencia haciendo autostop hasta Himeji
Para llegar a Himeji nos animamos y tentamos a la suerte probando autostop. Sí, sí, pulgar en alto, mochilas al hombro y mucha fe. ¿Cómo fue nuestra primera experiencia? Pues… sorprendentemente bien. Llevábamos apenas 7 minutos apostados en una gasolinera, bajo la lluvia y los paraguas, cuando una chica frenó y nos ofreció llevarnos.
¡Éxito total! Nos dejó en Sannomiya, la ciudad más grande cerca de Kobe. No es que avanzásemos una barbaridad en kilómetros, pero íbamos flipando de alegría: «¡Jolín, qué fuerte! ¡7 minutos nada más! ¡Esto del autostop en Japón promete!»
Spoiler: la euforia nos duró poco…
Llegamos a Sannomiya y, como no podía ser de otra forma, nos pusimos de nuevo bajo la lluvia, con el pulgarcito en alto y las ilusiones por las nubes. Pasan 7 minutos: “bueno, a ver… tampoco vamos a tener tanta suerte otra vez, ¿no?” Pasan 14 minutos: “no pasa na’, no pasa na’…” Pasan 30 minutos: “bueno, pues, seguimos esperando.” Pasa 1 hora… 1h15… 1h30… y ni rastro de coche solidario.
Hasta que se nos acerca una señora con la sonrisa más dulce del mundo, nos regala unos pañuelos y, con señas y simpatía, nos sugiere que vayamos mejor a la estación JR a pillar el tren. Y oye, tenía razón.
Segundo intento de autostop = fail absoluto.
Llegamos por fin a Himeji, visitamos el castillo y los jardines (¡merecidísimo premio!), y tras un descanso, volvemos a intentarlo. Esta vez con cartelito hecho a mano y todo, y nos plantamos justo a la salida de un parking. La gente pasa, nos sonríe, nos hace reverencias, incluso nos pide perdón por no poder llevarnos. ¡Más majos no pueden ser! Pasan 7 minutos… 14 minutos… 21 minutos…
Y ya estábamos con el clásico ultimátum: “5 minutos más y nos vamos a la estación…”
Hasta que… ¡Milagro! Se nos acercan dos chiquillas de unos 18 años, sonrientes, tímidas y que no hablaban ni papa de inglés. Con una mezcla de gestos, risas nerviosas y “japonglish”, nos explican que nos pueden llevar, y que si queremos, podemos darles 500 yenes para gasolina (unos 3,80 €).
Nos miramos como diciendo: — A ver… los que hacen autostop no pagan, ¿no? — Ya, pero si volvemos en tren son 1000 yenes cada uno. ¡Así pagamos 250! ¡Trato cerrado!
Y allá fuimos. La experiencia fue lo más: chapurreando japonés-ingleseado, hablando como podíamos de España, Japón, comida y música, escuchando pop-rock japonés a todo trapo y echándonos unas risas tremendas.
Eso sí, llegamos a Kobe con media hora de retraso porque la conductora no paraba de perderse. Pero da igual, ¡el viaje fue parte de la aventura! Allí nos esperaba otra gran experiencia: nuestra primera vez haciendo couchsurfin en Japón.
Vamos, que hemos sobrevivido a nuestra primera (y última) experiencia de viajar a dedo por Japón… eso sí, somos unos hitchhikers de pacotilla. Entre lluvias, señoras con pañuelos, caminatas frustradas, acuerdos por gasolina y desvíos épicos, lo dimos todo por la aventura.
5. Consejos para visitar el Castillo de Himeji
No vayas en autostop, jaja, es broma (no lo es). Aquí van unas recomendaciones extra para visitar el Castillo de Himeji:
- Si puedes, ve a primera hora. Así evitas las multitudes y tienes el castillo casi para ti solo. Además, el clima suele ser más fresco por la mañana, lo que es un plus si vas en verano.
- Hay muchas escaleras, pasillos estrechos y subidas empinadas. Así que prepárate para una buena dosis de ejercicio. No es apto para personas con problemas de movilidad, pero el esfuerzo se paga con unas vistas alucinantes. Al entrar hay que descalzarse, así que no vayas con calcetines con agujeros XD
- Aunque en el castillo hay sombra, estarás mucho tiempo bajo el sol, así que protege tu piel. Y no olvides el agua: el recorrido es largo, y necesitarás mantenerte hidratado. ¡Nada de desmayarse por el calor, que hay mucho que explorar!
- Horarios: el Castillo abre de 9 a 16 h.
- Precio de entrada: 1000 yenes.
Y así, entre castillos, jardines, y autostops no siempre exitosos, acabamos nuestra aventura visitando el Castillo de Himeji. Un destino que, con su majestuoso castillo y sus rincones secretos, nos dejó sin palabras. Si tienes la suerte de estar por la zona, no dudes en hacerle una visita; ¡te aseguramos que te va a sorprender! ¿Y tú? ¿Has visitado el Castillo de Himeji? ¿Qué te pareció?
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4 comentarios en “Cómo visitar el Castillo de Himeji, el castillo de la Garza Blanca”
Jajajaja vaya imagen tenéis de mi xD pues si que es cierto que decían que antes había exposiciones etc. dentro… no se si las han trasladado o lesfalta por ponerlas :S de aquí a un año os cuento xD Eso si, si te paras a pensar….en BCN hay entradas mucho mas caras 😉 pero bueno, con un viaje como el vuestro, el presupuesto es otro tema ;)Me he reído mucho, como siempre jejeun abrazo!
Nada, dentro mu mal! Pero la parte de fuera, tanto la construccion del castillo como los jardines y el area que lo rodea… todo muy bonito! Ya nos diras ya!!!! Besotes!
Que bonitoooo, yo no estuve pero el licor de ciruelas me trae muchos recuerdos, jiji! besitos y tendré que volver! 😉
Ainssss que ricooooo!!!!!