ROADTRIP POR EL SUDOESTE DE AUSTRALIA. ETAPA 4: PENÍNSULA DE EYRE

Dejamos “por fin” el largo tramo de Nullarbor para adentrarnos en la Península de Eyre durante los próximos días, en lo que es la cuarta etapa de nuestro roadtrip por el suroeste de Australia en furgoneta. Puedes ver las otras etapas en estos enlaces: etapa 1 / etapa 2 / etapa 3. La Eyre Peninsula es un saliente en forma de triángulo invertido, con Port Lincoln en su vértice inferior y con dos carreteras por las que bajaremos y subiremos para explorar sus dos costas.

De momento estos son los datos principales:

Información de la Etapa

Punto de partida: Haslam

Punto final: Adelaide

Km totales: 1.148 km

Días: 4 días

  • Día 12: Haslam- Locks Well Beach (226 km)
  • Día 13: Locks Well Beach – Port Lincoln (225 km)
  • Día 14: Port Lincoln – Port Pirie (462 km)
  • Día 15: Port Pirie – Adelaide (235 km)

Día 12
Haslam – Locks Well Beach


El primer tramo empezaría un poquito antes de Haslam. Hablamos de Ceduna, donde oficialmente termina el Nullarbor y donde tienes que pasar el control de Quarentine, que en nuestro caso fue una revisión rápida del frigorífico. Pero por aquí pasamos sobre las 6 de la tarde y, aunque en South Australia son dos horas y media menos que en Western Australia y el sol se pone mucho más tarde, tanto el reloj de nuestra furgoneta como el de nuestro cuerpo nos pide terminar pronto el día, que además what a day!

Poco exploramos la parte inicial de la Eyre Peninsula, más allá de de una excursión a un camping gratis, la cual tuvimos que abortar tras recorrer un par de km por una carretera de baches imposibles (22 km de camino así, con el tintineo de la cubertería, el polvo y las constantes vibraciones, nos volverían locos!).

Pero el karma se portó bien con nosotros y en el camping de Haslam donde pasaríamos la noche no quedaban sobres para pagar los 10AUS del donativo, y ¿quiénes somos nosotros para inventarnos unas nuevas reglas de pago? Esperamos toooooda una noche y unas cuantas horas de la mañana (mentira, a las 8 ya estábamos conduciendo con las legañas todavía pegadas en los ojos) a que apareciera alguien al que reclamar el sobre, porque oiga, honrados somos!

Al día siguiente sí que sí, empezamos a aventurarnos por esta Península de Eyre que, a primera vista, nos recuerda a la Península de Otago en Nueva Zelanda. Una costa de playas poco apta para el baño (en su mayoría), con bahías de marea baja que dejan ver su parte menos atractiva y salpicada por pueblitos de pescadores, alguno de los cuales parece verdaderamente estancado en los años 50. Pocos turistas más allá de un puñado de furgonetas de mochileros y unas cuantas campers de australianos aficionados a la pesca. Pero qué vamos a esperar de un lugar que, como una de sus principales atracciones turísticas es, literalmente, su tranquilidad.

A esto hay que sumar que los días amanecen nublados, con lluvia intermitente y algo de viento. Aunque hay que agradecer que los 34 grados del Nullarbor bajan a los más agradables 22. Las prisas por recorrer estas carreteras son mucho menores y decidimos tomarnos un respiro y hacer caso a su recomendación: unos días tranquilos nos vienen de fábula.

Lo cual no quita que sigamos visitando lugares interesantes, nuestro decimosegundo día de roadtrip por Australia, tras escapar del camping de Haslam, lo iniciamos desayunando en el pueblo de Streaky Bay, famoso por un record: la réplica exacta de uno de los tiburones blancos más grandes pescados por la mano del hombre, parece que el mayor pescado con sedal de 24 kg (esto para los frikis de la pesca). Se atrapo en los años 90, midió más de 5 metros y pesó casi tonelada y media. Quizás lo más asombroso de todo es que se expone ni más ni menos que en una sala medio escondida dentro de una gasolinera Shell… Donde por cierto hay unos curries con muy buena pinta.

El siguiente pueblo que atraviesa la carretera principal es Port Kenny, uno de esos que, como adelantamos, tiene toda la pinta de haberse quedado parado en los años 50: un edificio de correos con las puertas oxidadas, un motel que da miedito, unas casas de madera con la pintura saltada, y un tipo saliendo del bar con un sombrero de cowboy saludándote elevando solo un extremo del bigote…

Más adelante hicimos parada en el pueblo de Venus Bay, famoso por sus miradores sobre los acantilados. Verdaderamente impresionan, quizás no tanto como los que vimos el día anterior, pero igualmente se te aflojan un poco las piernas a cada paso hacia el abismo. Dicen que en esta zona es relativamente fácil ver delfines, nosotros nos quedamos un rato mirando el horizonte, intentando distinguir los puntos donde rompen las olas con las aletas de los delfines, pero nada. Tras esta parada, teníamos marcada otra que debía ser de lo mejor del día, las Talia Caves (Woolshed Cave y The Tub), pero la carretera no nos convenció y nos dimos la vuelta…

Antes de llegar a Elliston hay un loop llamado el Great Ocean Drive (su nombre verdadero es Clifftop Dr), una carretera de tierra que asciende por las laderas de la colina frente a la Waterloo Bay. 12 km con varios miradores, alguno de ellos muy chulo y con sorpresa: ¿qué hacen 4 moáis aquí? Quien sabe, la imagen al menos es divertida. Para sorpresa buena cuando, tras hacer las fotos pertinentes volvemos a la furgoneta, ponemos la radio y sale una señora hablando en italiano! Una emisora en el sur de Australia por y para italohablantes! Australia, cómo no te conocimos antes!

En Elliston paramos buscando un restaurante, al preguntar por uno en la oficina de información soltaron una carcajada diciendo que tendríamos mucha suerte de encontrar un restaurante en un pueblo como ese, en plan bien, el hombre muy majo. Nos mandó a la roadhouse de la entrada del pueblo donde, muy a gusto, nos comimos un fish and chips y un plato de fritura de marisco, aprovechando que estamos en una zona famosa por sus pescados y mariscos (en realidad eran congelados, pero nos avisaron antes).

En muchas ocasiones durante el viaje lo mejor siempre está llegando al final del día, hoy no sería una excepción. Buscando un lugar donde aparcar y pasar la noche (y al que se pudiera acceder por una carretera asfaltada, ¿es tanto pedir?), llegamos a Locks Well Beach. Y flipamos! Daba igual que estuviera chispeando, que el mar estuviera embravecido y que acabaran de poner una señal de prohibido acampar, el lugar es sencillamente espectacular! Tras una pasarela de madera se cuelga un mirador sobre el acantilado que parte la costa en dos: a la izquierda una playa inaccesible, estupenda para que las gaviotas se echen sus buenas siestas. A la derecha una larga playa de arena naranja a la que se accede por una escalera, pero ojo, en la que no debes bañarte bajo ningún concepto. Y frente a ti, simplemente el océano.

Por cierto, la señal de prohibido acampar es en el aparcamiento de abajo, un poquito más arriba hay otro donde si está permitido. Las vistas no son iguales, pero sigue siendo un buen lugar.

Día 13
Locks Well Beach – Port Lincoln


El día se levantó nublado (de nuevo), pero nuestras ganas de seguir explorando la Península de Eyre no decayeron por eso. Además encontrar un sitio para pasar la noche anterior como Locks Well Beach fue un completo subidón! Partimos dirección sur y la primera parada fue la Lake Hamilton Eating House, una antigua área de servicio construida en el año 1857 que daba de comer a los cansados viajeros en sus travesías hacia el oeste. Ahora la encontramos restaurada tal y como sería por aquellos años.

Cerquita de ella hay un desvío a la derecha que llega hasta el Cummings Monument, en honor a Leo Cummings, uno de los primeros habitantes de esta región. Le construyeron el memorial cuando murió en el naufragio de su barco de pesca de cigalas en estas escarpadas costas. No decimos que no sea importante, pero lo verdaderamente interesante de este lugar son las vistas de los acantilados, si además te asomas con la historia del naufragio en la mente, todavía acojona más.

Uno de los pueblos con más renombre de la Península de Eyre es Coffin Bay, se ha ganado la reputación por su producto estrella: las ostras, conocidas mundialmente (¿en serio? será para los que comen ostras frecuentemente). Si en tus planes entra hacer alguna excursión por la costa en barco, este es un buen sitio, también uno que te lleve a visitar los criaderos de ostras, con degustación incluida. Si no, también puedes recorrer parte o la totalidad del Oyster Walk (de 8 km) que pasa por las atracciones más importantes del pueblo, por su playa y puerto desde donde se pueden ver las grandes plataformas de ostras, y por parquecitos.

Si te quedan más ganas de explorar, muy cerquita está el Coffin Bay National Park (10$ por coche), la parte norte solo es accesible en 4×4, pero el sur, la zona de Point Avoid, Almonta Beach, Golden Island Lookout y Yangie Bay, se puede visitar en coche convencional. Nosotros no fuimos, así que no sabríamos decirte, pero las fotos son chulas!

Llegamos a Port Lincoln, la ciudad más importante de la Península de Eyre y nos alojamos en el Port Lincoln YHA. No habíamos probado las ostras, que decir de las cigalas… pero en este estupendo hostal nos estaría esperando una super paella de marisco (y chorizo, si, marisco y chorizo!). Rob y Deb son los encargados del hostal y de vez en cuando preparan la especialidad de la casa. Así que, si estás de pasada por aquí ni se te ocurra olvidarte de esta parada! El hostal además es super super chulo, uno de los mejores de los que hemos visto hasta el momento en Australia.

  • Pagina web del hostal.
  • Precios: desde 27$ la noche por persona.
  • Localización: 24-26 London St, Port Lincoln.

Día 14
Port Lincoln – Port Pirie


Port Lincoln es famosa por las inmersiones con tiburones blancos. Desde aquí salen a diario barcos, provistos con esas jaulas que habrás visto en documentales de la 2, donde los más valientes se meten para ponerse, cara a cara, con un gigantesco tiburón blanco. Además es considerada la capital australiana del marisco. Tiene unos cuantos museos interesantes y varios miradores, como el Winter Hill lookout sobre toda la ciudad.

Un plan que parece interesante es recorrer el Whalers Way. para ello primero tendrás que pagar la entrada de 30$ en el Visitor Center de Port Lincoln, pues pasa por terrenos privados, pero por lo que hemos leído merece la pena. Lo que no sabemos es el estado de la carretera… En sus 14 km se pasan por acantilados, bahías, playas, fisuras gigantescas como la grieta de Theakestone y piscinas naturales separadas del océano por una pared de rocas, además de emús y canguros en libertad.

Si miras sobre un mapa, el otro saliente que encierra la bahía de Boston y hace de esta zona uno de los puertos naturales más grandes del mundo, es el Lincoln National Park (11$ por coche), que también debe tener algunas cosas interesantes que visitar (nosotros no fuimos).

De camino se encuentra el Mikkira Station, al parecer el único sitio con koalas libres en los alrededores de Port Lincoln. Creemos que antes la visita era gratuita, ahora el precio es de 15$ por vehículo, sin embargo puede ser una buena opción si lo que estás buscando es un camping para pasar la noche, el precio es de 25$ por la furgoneta. Además tiene su historia, fue una de las primeras zonas donde se asentaron los colonos europeos.

El viaje por el este de la Península de Eyre no nos resultó tan atractivo como el otro costado, una linea de costa salpicada por pequeños pueblos costeros, cada uno con su muelle, casitas bajas de diferentes colores, poca actividad en general. Así que aprovechamos para hacer unos cuantos kilómetros, con la intención de llegar lo más lejos posible pero sin esperar mucho de este día…

Error… Una de las últimas paradas la hicimos en Whyalla, unos sandwichitos, un poquito de crema solar y a disfrutar del puerto. En realidad estábamos por un motivo: Lety que es una fiera, acababa de leer en la app que por aquí en ocasiones se dejan ver algunos delfines. No perdíamos nada por acercarnos y mirar… El sandwich ya se estaba acabando, el agua se estaba calentando y nuestra esperanza desvaneciéndose… hasta que vimos a lo lejos en la entrada del puerto, como se acercaba un pequeño bote de pesca, seguido por dos delfines! Llegaron hasta el propio embarcadero y allí mismo pudimos verlos, a un metro escaso de nosotros! No esperábamos nada del día y resultó ser uno de los más emocionantes de todo el viaje!

Todavía con la excitación en el cuerpo llegamos hasta Port Pirie, eran las 8 de la tarde y la temperatura rebasaba los 30 grados. Estábamos acampados en una calle en la periferia y la intención era quedarnos allí. Dieron las 10 y la temperatura seguía en los 30, las 11 y no bajaba ni un grado… Es la primera vez que tuvimos este calor en la furgoneta y dormir era prácticamente imposible, así que terminamos en el Caravan Park más barato (y cutre) que encontramos, al menos pudimos enchufarnos a la corriente y, tras tres horas de problemas con el aire acondicionado, a las 2 de la mañana dimos por concluido el día.

Día 15
Port Pirie – Adelaide


Volvimos a la carretera a la mañana siguiente algo sobaos, si no cómo llamarías a alguien que está circulando al lado de un tren durante varios km y ni se da cuenta! Debíamos llevar la misma velocidad porque ni siquiera nos percatamos de que un pedazo de tren estaba haciendo nuestro mismo camino, unos metros a nuestra izquierda. El tren en cuestión era el legendario The Ghan, que hace el recorrido entre Adelaide y Darwin en 4 días, atravesando por completo el interior del país. Su nombre originario era el Afghan Express y su símbolo es el camello, animal gracias al cual se pudieron abrir caminos hacia el centro del país hace más de 150 años.

Son 2.979 km, aunque no es el más largo de Australia, este honor lo tiene el Indian Pacific de Sydney a Perth que, con 4.352km km, se convierte en el segundo recorrido más largo del mundo. Ahí es nada! Viajar en tren estas largas distancias en Australia ha dejado de ser para aquellos que visitan a sus lejanos parientes, ahora es toda una atracción turística y una forma muy romántica (pero bastante cara) de viajar por el país.

Pasado Snowtown (es coña, ¿no?) esperábamos encontrar un gran lago rosa, en realidad lo que vimos fue un gran lago, si, pero muy poco rosa. Es el Bumbunga Lake, y merece una parada para, al menos, conocer a su particular «monstruo del lago».

El día continuó con más intentos de pink lakes sin éxito, hasta llegar a Adelaide, el fin de otra nueva etapa de nuestro road trip por el suroeste de Australia y donde pasaríamos dos noches.

Mas información sobre la Eyre Peninsula

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