Si estás buscando ideas de qué ver en la Riviera Albanesa, has llegado al sitio adecuado. Playas de agua turquesa, pueblos colgados de la montaña, carreteras con vistas infinitas y precios que, por ahora, no asustan demasiado. Así es la Riviera Albanesa, uno de los tramos de costa más espectaculares y menos masificados de Europa.
En esta guía te contamos cuáles son los lugares imprescindibles que visitar en la Riviera Albanesa, los pueblos que merecen una parada, las playas más bonitas y algunos rincones que aún no han recibido la atención que se merecen. También vamos a proponerte una ruta de 1 semana en coche con consejos prácticos e información útil para que puedas aprovechar al máximo tu viaje por la Riviera Albanesa.
No es casualidad que esta zona se haya convertido en el secreto a voces de quienes buscan sol, calas bonitas y un punto diferente, sin renunciar a ese toque exótico que solo “la otra Europa” puede ofrecer. Si planeas un viaje por Albania, su costa debe estar en tu itinerario.
Qué ver y hacer en la Riviera Albanesa
Empezamos fuerte con el mejor consejo para recorrer la Riviera Albanesa: anímate a alquilar coche. Lo sabemos. Pensar en conducir en Albania da un poco de yuyu al principio, pero, de verdad, no es para tanto. Nosotros llegamos convencidos de que iba a ser un deporte de riesgo y la realidad fue otra muy distinta: las carreteras están en buen estado y, contra todo pronóstico, los albaneses conducen mejor que los italianos (jeje).
Para nosotros, alquilar coche es la mejor manera de conocer los imprescindibles de la Riviera Albanesa, ya que te permite aprovechar mejor el tiempo, te da libertad para parar donde quieras, hacer desvíos improvisados y llegar a playas y pueblos donde el transporte público todavía no llega.
Dicho esto, ¿listo para descubrir lo mejor que ver y hacer en la Riviera Albanesa? Aquí va nuestro top 10 ordenado de norte a sur (no de mejor a peor):
1. Vlorë, madre de la independencia de Albania
Vlorë es una de esas ciudades que te descolocan (en el buen sentido). A primera vista parece una ciudad costera moderna, con su paseo marítimo lleno de bares, ambiente veraniego y ese caos tan albanés que, al final, acaba resultando entrañable.
Pero detrás de los chiringuitos y las sombrillas, Vlorë es historia pura: aquí se proclamó la independencia de Albania en 1912, así que no es solo mar y playa, también es un lugar clave para entender el presente del país. Este hecho se conmemora con el Monumenti i Pavarësisë en el casco histórico, desde donde parte la calle peatonal con más encanto de Vlorë que no puedes perderte.
Nosotros nos quedamos dos días en el Central View Boutique Hotel (aunque con uno sería suficiente si vas justo de tiempo) y aprovechamos para visitar el monasterio de Santa María de Zvernec, escondido en una laguna tranquila donde solo se oye el croar de las ranas y el soplido del viento entre los cipreses (los monjes son únicos para elegir lugares donde zanganear). Y, bueno, también al segurata que empezó a recitarnos una lista de dictadores europeos: Tito, Mussolini, Ceaușescu, Franco, Zapatero (whaaaaaat) XD.
Si te apetece algo más salvaje, desde Vlorë salen excursiones en barco a la península de Karaburun, una reserva marina con cuevas piratas y calas de aguas transparentes. Muchos tours diarios en barco incluyen paradas en calas y lugares como la cueva de Haxhi Ali, uno de los puntos más conocidos de la zona. Aquí te dejamos dos opciones para reservar con antelación online:
- Excursión a Karaburun y cueva Haxhi con guía en español
- Isla de Sazan, Cueva de Haxhi Ali y tour en barco por Karaburun
También merece la pena subir al castillo de Kaninë, que domina la ciudad desde lo alto de las colinas. Aunque ahora mismo está en proceso de restauración, las vistas sobre Vlorë y la costa compensan la visita.
Y por último, a unos 15 km de Vlorë se encuentra el Parque Arqueológico de Orikum, donde se conservan restos de la antigua ciudad griega de Oricum, junto al mar. Para acceder hay que pasar un control militar y pagar unos 300 LEK por persona. Nosotros no llegamos a entrar. ¡Si lo visitas, nos cuentas!
2. Llogara Pass, el paso de montaña más espectacular de la Riviera Albanesa
El Llogara Pass, o Paso de Llogara, es uno de esos tramos de carretera que te obligan a parar el coche cada dos minutos para hacer fotos. Se encuentra dentro del Parque Nacional de Llogara, en plena Riviera Albanesa, y conecta la zona de Vlorë con los pueblos costeros del sur como Dhërmi o Himarë.
Es una de las carreteras panorámicas más espectaculares de Albania, con curvas y miradores desde los que se obtienen vistas increíbles del mar Jónico y la península de Karaburun. Si tienes que elegir uno, quédate con el mirador panorámico de Llogara, justo antes de comenzar el descenso hacia la costa: hay aparcamiento gratuito y las vistas son de las más icónicas de la Riviera albanesa (te señalamos el punto concreto en el mapa al final del artículo).
En la parte más alta del paso, a unos 1.000 metros de altitud, además de los miradores encontrarás pequeños búnkeres de la época comunista y un Gran Búnker que recuerda el pasado reciente del país y la locura por estos refugios de hormigón de Enver Hoxha. En algunos puntos también es habitual ver a gente lanzándose en parapente, aprovechando las corrientes térmicas de la montaña. ¡Incluso tú puedes animarte a saltar en parapente en el Llogara Pass!
El contraste con la costa es brutal: aquí el aire es más fresco, huele a bosque y apetece parar a comer en alguno de los restaurantes con terraza antes de seguir ruta.
Existe la opción de atravesar el túnel de Llogara para evitar las curvas, pero si te gusta conducir y disfrutar del paisaje, nuestra recomendación es clara: sube por el paso. Se habla de un futuro peaje de unos 250 LEK, tanto para el túnel como para el paso, aunque esta información todavía no está confirmada.
3. Himarë, castillos, playas tranquilas y aire griego
Himarë es uno de esos lugares donde el tiempo parece haberse tomado vacaciones permanentes. Una ciudad costera tranquila, con ese aire de “esto es Albania, pero podría ser Grecia”, donde las montañas caen directamente al mar y las buganvillas trepan por las paredes encaladas. Aquí los días se miden en baños, siestas y cenas largas frente al mar. Incluso en verano es una buena base para evitar las masificaciones de Sarandë o Ksamil.
Si te quedas varios días, uno de ellos lo puedes dedicar a realizar un tour en barco por la Riviera albanesa que pasa por puntos panorámicos chulos y con paradas para nadar en varias playas más o menos escondidas, como la Cueva de las Tortugas, la Cueva de las Palomas y la Playa de Cristal.
Nosotros dormimos una noche en la playa Livadi, una de las playas más agradables de la zona y a solo unos 5 km del pueblo nuevo de Himare. Nos alojamos en el Ionian View B&B muy recomendable si buscas calma y buenas vistas. Consejo extra: cena en el restaurante Odissea (qué rico comimos). Desde aquí estás a solo unos minutos en coche del pueblo viejo de Himarë, coronado por su castillo.
El castillo de Himarë (Kastro) se alza sobre una colina con vistas al mar Jónico y, aunque hoy apenas quedan ruinas, el paseo por el antiguo casco histórico y las panorámicas justifican de sobra la subida. Eso sí, ten en cuenta que para entrar al recinto (no solo del castillo, sino del centro histórico) hay que pagar 300 LEK (solo en efectivo). Hay muy poquito espacio para aparcar, tenlo en cuenta.
Desde Himarë salen varias escapadas que merecen mucho la pena. Una de las más conocidas es el Cañón de Gjipe, una maravilla natural escondida a la que se llega tras una caminata polvorienta de unos 20–30 minutos. Al final te espera una playa salvaje, encajada entre acantilados de piedra rojiza, con un ambiente bastante más tranquilo que otras playas cercanas.
Un poco más al norte está Dhermi, conocida por albergar una de las playas más bonitas de Albania, con aguas transparentes y un entorno natural muy cuidado. Más allá de la playa, el casco antiguo, situado en lo alto de la colina, con sus casas de piedra, callejuelas y vistas abiertas al mar, merece una visita. Y del mismo rollo es el pueblo de Vuno, también ubicado en lo alto de una montaña, con calles empedradas, vistas al mar y gatos que parecen llevar siglos posando para las fotos.
4. Porto Palermo, historia de espías y Guerra Fría
Porto Palermo es uno de esos rincones que sorprenden incluso cuando ya llevas varios días recorriendo la Riviera Albanesa. Se trata de una pequeña bahía cerrada, presidida por un castillo con historias de espías y conspiraciones.
El castillo de Porto Palermo todavía vigila el mar como si aún esperara enemigos venidos desde Corfú. Fue mandado construir por Ali Pasha de Tepelena a comienzos del siglo XIX y su forma triangular lo hace muy característico. La entrada cuesta 300 LEK y, aunque el interior es sencillo, el paseo por las murallas y las vistas sobre la bahía compensan de sobra la visita. Es una de las paradas más populares de los tours organizados por Albania, así que probablemente te toque compartir la visita con unos cuantos turistas más.
Justo al lado del aparcamiento hay una pequeña cala de aguas claras. No es la playa más espectacular de la Riviera y tampoco demasiado atractiva para el baño, pero se puede disfrutar de un entorno muy chulo y peculiar. El embarcadero, además, es muy fotogénico y, si tienes ganas de remar, desde aquí sale un tour guiado en kayak que explora las cuevas y playas escondidas de la bahía de Porto Palermo que tiene una pinta estupenda.
Muy cerca se encuentra también un gigantesco búnker submarino abandonado, construido durante la época comunista. Es uno de esos lugares que recuerdan hasta qué punto Albania vivió obsesionada con una invasión que nunca llegó. No se puede acceder, pero verlo desde fuera ya resulta bastante impactante.
5. Borsh, la playa más larga y tranquila de la Riviera Albanesa
Borsh no solo es una de las playas más bonitas de Albania, también es la más larga de toda la Riviera Albanesa, con unos 6 kilómetros de costa. Un extenso arco de arena gris clara y pequeños guijarros, bañado por un mar transparente que cambia de tonalidad a lo largo del día. La playa es amplia, tranquila y perfecta para quienes buscan espacio y calma, incluso en verano.
A diferencia de otras zonas más populares, aquí no hay grandes complejos hoteleros ni una sucesión interminable de tumbonas, solo el sonido de las olas, el aroma a romero y el ocasional tintineo de vasos en los chiringuitos playeros. A lo largo de la costa encontrarás pequeños restaurantes donde comer pescado fresco y platos sencillos a precios bastante razonables.
El pueblo de Borsh, situado en la ladera de la montaña, no tiene un gran atractivo turístico, pero sí varios bares y restaurantes familiares donde se come bien. Uno de los más curiosos es Ujvara, famoso por sus pequeñas cascadas naturales que fluyen junto a las mesas.
Si te animas a estirar las piernas, puedes subir hasta el castillo de Borsh, una fortaleza en ruinas que domina toda la costa. La subida a pie es corta (unos 600 metros) pero empinada. En octubre lo encontramos cerrado y bastante olvidado, aunque las vistas desde arriba son bastante impresionantes.
Unos kilómetros más adelante aparece Qeparo, otro de los pueblos más fotogénicos de la Riviera. Está dividido en dos: Upper Village, la zona más antigua construida en la montaña, con casas de piedra, callejones estrechos y un ambiente muy auténtico. Ten en cuenta que la carretera de subida es bastante empinada y con tramos en mal estado. Y Qeparo Beach, junto al mar, con varios alojamientos, aunque fuera de temporada hay poco ambiente.
Si aún te queda tiempo o ganas de un baño, puedes parar en Buneci Beach, una bahía tranquila con agua cristalina y algún restaurante sencillo. Un poco más al sur está Lukovë Beach, más salvaje y rodeada de vegetación. Ambas son buenas opciones para un descanso rápido antes de llegar a Saranda.
6. Sarandë, el centro más animado de la Riviera Albanesa
Sarandë es el punto final (o el inicio, según cómo plantees la ruta) de la Riviera Albanesa y también su cara más animada. Tiene ese aire de ciudad veraniega donde todo gira en torno al paseo marítimo, a las actividades, acuáticas, los restaurantes frente al mar y los paseos al atardecer.
Al caer el sol, el paseo marítimo de Sarandë se llena de ambiente: familias, viajeros y locales se mezclan entre heladerías, bares y terrazas. Un buen sitio para tomar algo es Limani Bar Restaurant, con una amplia terraza sobre el mar y ambientazo local y turístico que nos encantó. Buen sitio para tomar un café, un helado o desayunar a precios razonables.
Uno de los grandes atractivos de Sarandë es la cercanía con la isla griega de Corfú, a la que se puede llegar en ferry en aproximadamente una hora. Es una opción muy popular para quienes quieren marcarse un 2×1 en sus vacaciones y combinar Albania y Grecia en el mismo viaje. Aquí puedes apuntarte a una excursión a Corfú en barco desde Sarandë.
La playa urbana de Sarandë es práctica y cómoda si te alojas en la ciudad, pero no destaca especialmente por su belleza al estar rodeada de edificios monstruosos. En los alrededores, sin embargo, hay opciones más interesantes, como Pulëbardha Beach, Pasqyra Beach o Monastery Beach, todas a pocos kilómetros. Son calas pequeñas y de aguas limpias, aunque en pleno verano se llenan rápidamente. Y otras que solo pueden ser exploradas desde el mar, para lo cual te recomendamos un tour en barco que incluya paradas para hacer snorkel.
Nosotros decidimos no dormir en Sarandë y hacerlo en Ksamil, ya que habíamos leído que Saranda es algo así como la “Benidorm de Albania”, con grandes bloques, mucho ambiente nocturno y un turismo más enfocado en la fiesta. Ksamil, aunque también muy concurrido en verano, nos pareció algo más relajado y con un entorno más agradable.
7. Ksamil, paraíso turquesa en el corazón de la Riviera Albanesa
Ksamil es, probablemente, el lugar más famoso de toda la Riviera Albanesa. En los últimos años ha pasado de ser un pueblo tranquilo a convertirse en uno de los destinos más fotografiados de Albania gracias (o por culpa) de Instagram. Y sí, bonito es: arena clara, con unos cuantos islotes diminutos frente a la costa y un mar de color turquesa que parece sacado de una postal. Para conocer esta franja costera tan característica, nada mejor que tomar un tour en barco por las islas de Ksamil.
Las playas de Ksamil son en su mayoría pequeñas calas, muchas de ellas artificiales para ganarle espacio al mar (y dárselo al turismo en masa), acondicionadas con tumbonas y sombrillas de pago. Entre las más conocidas están Ksamil Beach, Lori Beach, Ksamil Beach 7 y Bora Bora Beach. A las que tenemos que añadir Augusto Beach, nuestro paraíso personal en el que nos encontramos solos (eso sí, era octubre).
No hay que olvidar que en verano Ksamil se llena hasta los topes, lo que puede resultar decepcionante si buscas tranquilidad o playas naturales. Además, el precio de las tumbonas suele rondar los 15–20 € al día, y apenas queda espacio libre para colocar la toalla. En cambio, fuera de julio y agosto, el ambiente es mucho más relajado y se disfruta de otra manera. Nosotros fuimos a mediados de otoño, nos alojamos en el Hotel Memaj y se estaba en la gloria, así que si no quieres luchas de ningún tipo, evita la temporada alta.
⭐ Aquí te contamos lo mejor que ver y hacer en Ksamil.
8. Parque Nacional de Butrinto
A pocos kilómetros de Ksamil se encuentra el Parque Nacional de Butrinto, y decir que es solo un yacimiento arqueológico es quedarse corto. Entre árboles, ruinas cubiertas de musgo y el sonido constante de las cigarras, se recorren siglos de historia casi sin darse cuenta. Y es que este lugar fue griego, romano, bizantino y veneciano, y hoy está reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El itinerario está bien señalizado y entre las ruinas más interesantes destacan el anfiteatro griego, del siglo III a. C., excavado en la ladera de la colina y uno de los espacios mejor conservados del yacimiento; el Templo de Asclepio, antiguo centro de curación al que acudían peregrinos en la Antigüedad; las termas del periodo romano, o la basílica paleocristiana de la etapa cristiana, con su mosaico circular y las antiguas murallas defensivas.
El recorrido se completa con las murallas defensivas y la fortaleza veneciana, ubicada en lo alto de la colina y que hoy acoge un pequeño museo arqueológico que expone objetos originales hallados en las excavaciones, como esculturas, cerámicas y otras piezas decorativas que, personalmente, nos gustó bastante. Además, desde aquí se tienen buenas vistas al lago de Butrinto y de los humedales de los alrededores.
Justo enfrente se encuentra el canal de Vivari, que se cruza mediante un pequeño ferry de cable. Es curioso de ver, aunque no es necesario usarlo si solo visitas el parque.
Hay dos aparcamientos gratuitos, uno cerca de la entrada principal y otro bastante más alejado. Te recomendamos ir a primera hora de la mañana para encontrar sitio libre en el primero de ellos y evitar la caminata bajo el sol. Si estás haciendo base en Sarandë o Ksamil y no tienes coche propio, siempre puedes apuntarte a una excursión organizada a Butrinto.
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9. Blue Eye, el manantial más famoso de Albania
Aunque técnicamente no se encuentra en la Riviera Albanesa, el Blue Eye (Syri i Kaltër) es una de las excursiones más populares desde Ksamil o Sarandë, por lo que encaja perfectamente en una ruta por la zona (aunque sea con calzador).
El Blue Eye es un manantial natural de agua cristalina que parece sacado de otro planeta. Su nombre no es casual: el agua tiene un azul tan intenso que recuerda un ojo gigante mirando al cielo. El agua brota con tanta fuerza que, aunque se ha explorado hasta más de 50 metros de profundidad, el fondo real sigue siendo desconocido. Tampoco tú podrás descubrirlo, pues solo se permite acercarse y admirarlo desde la orilla.
Si tienes pensado darte un baño, que sepas que está prohibido bañarse en el manantial para proteger el entorno, además de que la temperatura del agua es muy baja durante todo el año, lo que explica su tono cristalino. Pero sí se puede pasear por los alrededores y hacer fotos desde distintos ángulos. En la zona también hay varias cafeterías junto al río, con terrazas agradables donde tomar algo a la sombra
La entrada cuesta solo 50 LEKS y el parking 300 LEKS. Desde el aparcamiento hay un paseo de aprox. 2 km hasta el mirador principal, pero no es especialmente interesante. Como alternativa, puedes pillar el trenecito turístico (600 LEK ida y vuelta o 300 LEK solo un trayecto) o alquilar una motillo eléctrica por 10€ (a lo que sumar una pequeña tasa por el acceso).
¿Prefieres ir en tour organizado? Esta excursión desde Sarandë incluye el Blue Eye, Butrinto y el Castillo de Castillo de Lekuresi.
Consejo: de camino, haz una rápida visita al Monasterio de San Nikola, una parada tranquila y poco conocida.
10. Apolonia de Iliria, la gran ciudad romana olvidada de Albania
Fundada en el siglo VI a. C., Apolonia de Iliria fue una de las ciudades más importantes del mundo antiguo en esta parte del Adriático. Durante la época romana alcanzó gran prestigio, hasta el punto de que Octavio Augusto estudió aquí antes de convertirse en emperador.
Hoy el yacimiento se extiende sobre una colina rodeada de campos, con restos de templos, un teatro, tramos de muralla y una elegante columnata, todo conectado por caminos de piedra y tierra un tanto descuidados. En el punto más alto se encuentra el monasterio medieval de Santa María, que alberga un pequeño museo con esculturas, relieves e inscripciones originales halladas en las excavaciones.
Más allá de las ruinas en sí, lo mejor de Apolonia es su atmósfera tranquila. Al estar alejada de los circuitos turísticos más habituales, no recibe grandes multitudes, así que puedes pasear entre las ruinas con la sensación de tener la historia entera para ti. Nos parece una parada original dentro de una ruta por la Riviera Albanesa.
Extra: Durrës, historia romana a un paso de Tirana
A apenas 40 km de Tirana, Durrës (o Durazzo para los italianos nostálgicos) es una de las ciudades más antiguas de Albania y uno de sus principales puertos. Fundada por los griegos en el siglo VII a. C., mimada por los romanos luego y algo maltratada por la modernidad, hoy combina ruinas milenarias con bares frente al mar y un ambiente urbano muy local.
Su gran joya es el anfiteatro romano, construido en el siglo II y considerado uno de los más grandes de los Balcanes, con capacidad para unas 20.000 personas. Está parcialmente excavado y rodeado de edificios más bien feotes, lo que lo hace aún más sorprendente. Muy cerca se pueden ver también restos de las murallas bizantinas, la torre veneciana y el Museo Arqueológico, interesante para aquellos que disfruten indagando en la historia de los sitios que visitan.
Su animado paseo marítimo es una buena zona para pasear, tomar algo o cenar con vistas al Adriático. Allí se encuentra otro de los iconos de Durrës: el Palacio de Congresos, ese edificio enorme y futurista que parece una nave espacial varada sobre el mar y que tiene tantos detractores como admiradores.
Durrës no es un imprescindible de la Riviera Albanesa, pero encaja bien como visita extra si entras o sales por Tirana y no llevas el viaje con el cronómetro en la mano.
Ruta de 1 semana por la Riviera Albanesa
Todos los lugares de los que te hablamos los recorrimos en una ruta de 7 días, un tiempo que nos parece ideal para conocer la Riviera Albanesa sin prisas, combinando coche, playas y visitas culturales. Este es nuestro itinerario propuesto:
- Día 1: tras aterrizar en Tirana, ponemos rumbo al sur para llegar a Vlorë, punto de inicio de la Riviera Albanesa. Si tienes tiempo, una parada rápida en las ruinas de Apolonia puede ser interesante.
- Día 2: dedicamos el día a conocer el casco histórico de Vlorë y sus alrededores.
- Día 3: cruzamos el Llogara Pass, un paso de montaña con vistas brutales al mar, y continuamos hacia Himarë, haciendo paradas en miradores y playas por el camino. Por la tarde, primer chapuzón en alguna cala tranquila.
- Día 4: seguimos bajando por la costa, combinando pequeñas paradas en playas como Borsh, de las más largas de Albania, hasta llegar a Ksamil, donde el paisaje cambia por completo.
- Día 5: día completo para disfrutar de las playas de Ksamil, llegar a las islitas cercanas en kayak, tomar algún tour o simplemente relajarse en la tumbona.
- Día 6: nos escapamos por el día a conocer Sarandë y comer junto al mar. Podemos planear la visita a alguna playa de los alrededores o incluso hacer algún tour desde Sarandë.
- Día 7: dejamos el hotel para visitar primero el yacimiento arqueológico de Butrinto, de los más importantes del país, y posteriormente el Blue Eye, antes de seguir la ruta hacia el siguiente destino de Albania normalmente Gjirokastër.
Es una ruta pensada para hacer en coche, pues el transporte público te limitaría mucho los planes cada día. Además, puede hacerse perfectamente en sentido inverso si se empieza en Sarandë/Ksamil.
Mapa con lo mejor que ver y hacer en la Riviera Albanesa
Para que te sitúes mejor y puedas planificar el viaje con más facilidad, te dejamos un mapa con todos los puntos imprescindibles que visitar en la Riviera Albanesa. Te recomendamos descargarlo en Google Maps y así poder acceder a él en modo offline, ya que en algunos tramos de montaña la cobertura puede fallar.
Ya lo has visto: la Riviera Albanesa no es solo playa. Aquí te esperan pueblos pintorescos, lugares cargados de historia como Vlorë, Apolonia o Butrinto, rincones naturales tan llamativos como el Blue Eye o la playa de Borsh, ambiente animado en Ksamil, calma absoluta en Livadi Beach y algunas de las carreteras más bonitas del país.
Siempre vamos a recordar con cariño nuestra semana por la Riviera Albanesa, cada atardecer, los platos de linguine de marisco, las calas de aguas turquesas y las curvas del Llogara Pass. La Riviera Albanesa nos ha sorprendido muy para bien… y no descartamos volver antes de lo previsto.
¿Conoces esta zona? ¿Nos hemos olvidado de algún must que ver y hacer en la Riviera albanesa?
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