La cocina japonesa es una de las más saludables y fascinantes del mundo, y como nos había avisado nuestra amiga Vero en Japón se comen muchas más cosas que sushi. Así que no nos lo pensamos dos veces y en cuanto surgió la oportunidad de hacer una clase de cocina japonesa en Kioto nos apuntamos.
Si siempre habéis soñado con preparar una tempura que quite el hipo o unos makis dignos de un chef japonés, apuntad bien. En pleno corazón de Kioto, os espera un curso de cocina japonesa que es una auténtica delicia. Es uno de los planes que hacer en Kioto más originales y entretenidos.
Desde el momento en que cruzamos la puerta de la escuela (con olor a caldo dashi en el aire y música japonesa de fondo), sabíamos que aquello iba a ser especial. Nuestros profes, con más paciencia que un monje zen, nos guiaron paso a paso entre ingredientes rarunos, técnicas milenarias y anécdotas que nos hicieron soltar más de una carcajada.
Spoiler: sobrevivimos, y encima salimos comidos y felices. A continuación te contamos nuestra experiencia, con todo lujo de detalle.
Clase de cocina en Kioto
Llegamos sobre las 09.00 en la que resultó ser una machiya, una preciosa casa tradicional de madera, que parecía sacada de una peli de Ghibli. Allí ya nos estaban esperando nuestras profesoras, tan majas como pacientes, y el dueño de la escuela: Shohei.
Nada más cruzar la puerta nos recibieron con una taza de té verde humeante y una calidez que nos hizo sentir como en casa. Poco a poco fueron llegando los otros ‘alumnos’, y en cuanto estuvimos todos, ¡al lío! Comenzamos con la clase.
La primera parte del curso es teórica: una vez que nos hemos puesto los samue tradicionales, nos contaron más acerca del dashi broth. Este caldo de pescado, base de muchas comidas japonesas, se prepara con kombu (un tipo de alga), katsuobushi (virutas de bonito seco y ahumado) y setas shiitake secas.
También aprendimos más sobre las diferentes salsas (soja, sake, mirin) y los tipos de miso, tan usados en la cocina japonesa. Hasta hicimos una cata de todos estos ingredientes a palo seco… lo que viene siendo un desayuno un tanto peculiar. Imaginadnos a las 9 y pico de la mañana diciendo “hmm… este mirin tiene un gustillo interesante”…
La segunda parte del curso es totalmente práctica: a por nuestro bento! Durante la mañana preparamos seis platillos distintos, que acabarían formando parte de nuestra cajita mágica de almuerzo: el bento.
¿Qué es un bento? El bento es un gran inbento, uy digo… invento! Es un plato formado por pequeña raciones de varias comidas, ideal para llevar de viaje o comer fuera de casa (aunque puedes comerlo en casa, eh!). Es un poco como la versión japonesa de las tapas: con un bento comes un poco de todo.
Vale, pero ¿Qué aprendimos a cocinar? Estos son los 6 platos que hicimos:
1) Ensalada de col y ciruela
Uno de los platillos que preparamos fue de lo más… curioso. No tiene mucho misterio: col cortadita en trozos pequeños mezclada con ciruela umeboshi, esa que ha pasado dos añitos fermentando en sal marina (sí, 2 años, ahí dándolo todo en la salmuera).
Es un plato súper sano, de esos que te imaginas comiendo en un retiro zen en la montaña, con vistas a los cerezos en flor. Peeero no os vamos a mentir: el sabor es bastante peculiar. Tan peculiar que nuestros paladares occidentales dijeron “eh… gracias, pero no gracias”. Vamos, que no fue amor a primera mordida :-p
2) Salmón con verduras
Por suerte, después del experimento con la ciruela umeboshi, llegó uno de los platos estrella del día: ¡salmón con verduras! Este sí que nos ganó el corazón (y el estómago).
Utilizamos zanahorias, taro (una especie de patata con aires exóticos), setas y un buen trozo de salmón que olía a gloria incluso antes de cocinarlo. Todo fue directo al dashi broth y le añadimos salsa de soja y mirin, que tiene un toque dulzón que nos chifla y combina genial con el pescado.
3) Tamagoyaki (rollito de tortilla)
Otro de los grandes momentos de la mañana fue el tamagoyaki, que básicamente es una tortilla… ¡pero con forma de rollito! Un plato tan sencillo como sabroso: al huevo batido le añadimos una cucharada de dashi broth y una cucharadita de soja, y listo, a la sartén.
Lo divertido del tema es la técnica: hay que ir enrollando la tortilla con los palitos mientras se va cocinando. Fácil, ¿no? JA. Parece la típica tontería que ves en TikTok y piensas “eso lo hago yo en un pis pas”… hasta que te das cuenta de que se necesita más coordinación que en una clase de zumba.
Pero eh, con paciencia (y algo de ayuda), nos salió bastante decente. Y lo mejor: ¡estaba buenísimo!
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4) Tempura
Y claro, no podía faltar uno de nuestros platos japoneses favoritos: ¡la tempura! Esa maravilla crujiente que hace que cualquier verdura sepa a gloria. La cosa va así: se rebozan los ingredientes en una pasta ligerita de harina y agua, y directo a la fritura. Simple y delicioso.
Preparamos tempura de gambas, calabaza, setas shiitake, berenjena y una verdura verde misteriosa que, sinceramente, no supimos identificar. Todo salió doradito y con ese crujir que alegra el alma y tripa.
5) Sopa de Miso
Por último, pero no menos importante, la sopa de miso. ¡La reina de las sopas japonesas! Si alguna vez habéis estado en Japón, sabréis que este caldo es el acompañante ideal para casi cualquier plato de arroz o carne. Su base es el dashi broth, con algas y, por supuesto, miso, una pasta fermentada a base de soja y sal marina.
6) Sushi
¿Qué os vamos a contar que no sepáis ya? Pues por ejemplo, que el arroz que se utiliza para preparar el sushi lleva un montón de vinagre blanco y azúcar. ¡Por eso está tan rico! Esa combinación mágica le da el toque dulce y ácido que hace que no puedas parar de comerlo.
Es muy importante usar un arroz glutinoso y algo gracioso fue que nos pusieron a abanicarlo, ni que fuese Cleopatra jaja. Pero en realidad, es fundamental que se enfríe antes de poder trabajarlo, así que, entre abanico y abanico, nos aseguramos de que el arroz estuviera en su punto.
La tercera parte del curso es la más sabrosa: ¡a comer! Y claro, comer algo tan rico (que encima has preparado tú, con tus propias manitas) llena no solo el estómago, sino también el alma.
Si te apasiona la gastronomía japonesa, te recomendamos 100% este curso. Nosotros salimos encantados y no vemos la hora de volver a cocinar estos platos tan deliciosos. Bueno, excepto la ensalada de col con ciruela umeboshi… esa la dejamos en Japón jaja.
Otros cursos de cocina en Japón
Nosotros lo hicimos en Kioto, pero hay cursos de cocina en muchas ciudades de Japón. Aquí te dejamos un puñado que nos parecen interesantes:
- Tokio: curso de cocina (7 platos) + clase de elaboración de sushi
- Osaka: curso de ramen+ gyozas
- Kioto: aprende a hacer ramen
- Kanazawa: curso de cocina japonesa
⭐ Si no sabes dónde empezar a probar las especialidades locales, aquí te recomendamos 8 restaurantes donde comer en Kioto (bien y barato).
Y así termina nuestra aventura culinaria en Kioto, donde no solo aprendimos a preparar platos típicos, sino que también nos llevamos un pedazo de la esencia de Japón en el estómago y el corazón. ¿Quién diría que cocinar podía ser tan divertido? ¿Y tú? ¿Hiciste algún curso de cocina en Japón? ¿Qué tal fue la experiencia?
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5 comentarios en “Clase de cocina en Kioto: nuestra experiencia”
Gracias por la mención chicos!! me alegra que estéis disfrutando con la gastronomía Japo!! el tamagoyaki está muuuuuy bueno!! jejeGenial experiencia! un abrazo!
Increible!!!! estamos echado unos kilillos y tan a gusto!
Que estilo desprende Letty en la foto del salmón con verduras! jajaj y los kimonos os sientan perfectos! 😛
SI es que esta niña tiene una gracia! Lastima que no nos pudimos quedar con los kimonos!! jeje. Abrazote!
hola muy buenas estoy interesado ad hacer un viaje a Japón y en mis vacaciones y practicar unos cursos de cocina tradiciinal