Curiosidades de la Casa Batlló que te sorprenderán

En pleno Passeig de Gràcia hay un edificio que parece salido de un sueño: la espectacular Casa Batlló. Cuando uno se planta delante de esta fantasía arquitectónica diseñada por Antoni Gaudí, es imposible no preguntarse qué demonios estaba pasando por la cabeza del genio modernista cuando la creó. Si tienes pensado pasar por Barcelona próximamente, no puedes dejar de visitar una de sus grandes maravillas. Y mejor si previamente conoces las curiosidades sobre la Casa Batlló más interesantes, que te contamos a continuación.

Fachadas que parecen moverse, balcones con forma de calavera, columnas que recuerdan a huesos y un tejado que, según cuentan, es el lomo de un dragón dormido. Vamos, que Gaudí no se limitó a construir una casa, sino que montó un verdadero espectáculo arquitectónico.

Pero lo mejor viene cuando empezamos a rascar un poco. Detrás de sus colores, formas imposibles y detalles casi escondidos hay un montón de historias, símbolos y curiosidades que hacen que la visita sea todavía más fascinante. ¿Listo para conocer las sorpresas que esconde la Casa Batlló?

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1. No es un edificio nuevo: es una reforma

Cuando uno se planta delante de la espectacular Casa Batlló, lo normal es pensar que ese edificio siempre fue así de extravagante. Pero no. Aquí va la primera curiosidad: en realidad se trata de una reforma.

En el año 1903, el empresario textil Josep Batlló y su mujer Amàlia Godó compraron el edificio con la idea de vivir en su planta principal y alquilar el resto de pisos. De esta forma, además de establecerse en el elegante Passeig de Gràcia, que empezaba a llenarse de residencias modernistas de la burguesía barcelonesa, podían financiarse un poquito el capricho.

El plan inicial era derribar el edificio por completo y construir uno nuevo. Pero todo cambió cuando apareció en escena el arquitecto más creativo del momento: Antoni Gaudí, al que le encargaron el proyecto. Este genio reorganizó los espacios, mejoró la ventilación, llenó el edificio de luz natural y transformó por completo la fachada, convirtiendo la vivienda en una auténtica obra de arte habitable.

Curiosidad de la curiosidad: Emilio Sala Cortés, el arquitecto del edificio original, había sido profesor de Gaudí en la Escuela de Arquitectura. Así que, en cierto modo, el alumno acabó superando la obra del maestro.

2. Un edificio bastante controvertido

Hoy la Casa Batlló es uno de los grandes iconos de Barcelona, pero cuando el edificio se terminó en 1906, la opinión de la gente no fue precisamente unánime.

En aquella época, en el Passeig de Gràcia destacaban edificios elegantes, simétricos y bastante formales. Así que cuando Gaudí estrenó una de sus maravillas arquitectónicas, con su fachada ondulante, llena de colores, y el tejado que parecía el lomo de un dragón, provocó opiniones discordantes. Por un lado, había quien apreciaba esa creatividad; por otro, muchos no lo tenían nada claro y veían al edificio más como una criatura marina que como vivienda elegante.

Con el tiempo, la perspectiva cambió. Lo que en su día desconcertó a media Barcelona acabó convirtiéndose en uno de los edificios más admirados de la ciudad. Cosas que pasan cuando un genio se adelanta demasiado a su época 😉

Casa Batlló Fachada

3. Forma parte de la famosa “Manzana de la Discordia”

La Casa Batlló no es la única joya modernista de la zona; de hecho, forma parte de uno de los tramos más curiosos del Passeig de Gràcia, conocido como la Manzana de la Discordia.

A principios del siglo XX, esta pequeña sección de la famosa avenida se convirtió casi sin querer en un duelo creativo. Cada nuevo edificio intentaba destacar más que el de al lado, con fachadas llamativas, detalles decorativos y soluciones arquitectónicas cada vez más originales. Así que en apenas unos metros se concentraron edificios diseñados por algunos de los pesos pesados de la arquitectura de la época, como Antoni Gaudí, Lluís Domènech i Montaner y Josep Puig i Cadafalch.

La prensa de la época se lo pasó en grande alimentando esa supuesta rivalidad entre arquitectos y bautizó el lugar como la Manzana de la Discordia, en un guiño al famoso mito de la manzana que provocó la disputa entre diosas en la mitología clásica. Gracias a este «pique de genios», hoy podemos disfrutar de uno de los fragmentos urbanos más interesantes de Barcelona.

4. La planta baja tuvo una vida sorprendentemente variada

A lo largo del siglo XX, la planta baja vivió varias vidas completamente distintas y nos parece una de las curiosidades de la Casa Batlló más interesantes…

Primero estuvo vinculada al mundo del cine con la presencia de Pathé Frères, una de las grandes compañías cinematográficas de la época. Después se transformó en una tienda gourmet muy prestigiosa llamada Queviures Martignole (1922–1940), que satisfacía las refinadas necesidades de la burguesía establecida en el Passeig de Gràcia. Y más tarde acogió la Galería Syra, activa entre 1940 y 1986, y que funcionaba como punto de encuentro para artistas, intelectuales y tertulias culturales de Catalunya.

Ten esto en mente cuanto te aproximes a la Casa Batlló, porque los diferentes usos y etapas que se esconden tras sus paredes cuentan mucho sobre su verdadera historia.

5. Casa Batlló también fue un estudio de animación

Uno de los capítulos más curiosos de su historia ocurrió durante la posguerra. En una de las plantas del edificio se instaló el estudio Dibujos Animados Chamartín, surgido tras la fusión de dos productoras españolas: Hispano Grafic Films y Dibsono Films.

Desde allí se produjeron películas de animación en una época en la que la industria española estaba dando sus primeros pasos. No es lo primero que uno imagina al mirar la fachada, pero durante un tiempo dentro de Casa Batlló también se dibujaban personajes animados.

Casa Batlló Fachada Tribuna

6. La última restauración recuperó un “jardín perdido”

La Casa Batlló todavía guarda sorpresas. Y una bastante poco común apareció durante su última gran restauración: un pequeño jardín que el tiempo había abandonado resurgió de la nada. En la parte trasera del edificio se recuperó el patio privado tal y como lo había imaginado Antoni Gaudí.

Volvieron las jardineras, se reconstruyó una llamativa pérgola de brezo con forma parabólica y el suelo se volvió a cubrir con el mosaico Nolla original, formado por decenas de miles de pequeñas piezas geométricas. También se restauró el trencadís floral de la fachada posterior, que trepa por las paredes como si fuera una enredadera de cerámica.

Vamos, que mientras todo el mundo mira la famosa fachada del Passeig de Gràcia… detrás se esconde un pequeño mundo que casi había desaparecido. ¡No te lo pierdas!

7. El patio interior está diseñado para repartir la luz

Ahora pongamos la mirada en el patio central de la Casa Batlló, que no es solo un capricho decorativo. Gaudí lo proyectó como un sistema de iluminación natural, jugando con los colores de los azulejos para que la luz se distribuyera de manera uniforme por todo el edificio.

La idea es sencilla pero brillante: los azulejos más oscuros están arriba, donde el sol entra con más fuerza, y los más claros abajo, donde la luz se suaviza. Así, la luz rebota de manera equilibrada por todos los pisos, iluminando cada rincón sin que haya zonas demasiado sombrías. Podrás comprobarlo tú mismo según asciendas por el patio durante tu visita.

Casa Batllo patio interior

8. Técnicas de ventilación muy avanzadas

Gaudí diseñó las ventanas del patio interior con pequeñas aberturas regulables que permitían controlar la ventilación de cada vivienda por separado. Así, cada piso podía recibir la cantidad justa de aire fresco, sin corrientes molestas ni habitaciones sofocantes.

Para principios del siglo XX, era toda una innovación: mientras la mayoría de edificios sufrían calor y malos olores en verano, en Casa Batlló el aire circulaba de manera natural y eficiente. Además de la funcionalidad, es bastante estético y bonito de ver.

9. Las chimeneas son pequeñas esculturas

Uno de los puntos fuertes de la visita a la Casa Batlló está en la azotea, donde te esperan sus famosas chimeneas. Pero ojo, porque no son simples tubos por donde expulsar el humo de las viviendas.

Cada una tiene forma helicoidal y está cubierta de trencadís, el mosaico de cerámica típico del modernismo catalán. Además de ser decorativas, su forma ayuda a evitar que el viento devuelva el humo hacia el interior.

10. El interior imita el movimiento del mar

Por último, presta atención al diseño del interior, donde encontrarás muchas formas que evocan olas o remolinos. Las paredes, las barandillas de madera e incluso el techo del vestíbulo parecen moverse como si estuviéramos dentro de una cueva marina.

No es raro que los visitantes comparen la casa con un paisaje submarino; y la verdad, la sensación es tan envolvente que uno podría imaginarse nadando entre peces y burbujas sin salir del Passeig de Gràcia.

Casa Batllo chimeneas

Después de repasar todas estas curiosidades, queda bastante claro que la Casa Batlló es mucho más que uno de los edificios más fotografiados de Barcelona. Lo que empezó como una simple reforma encargada por Josep Batlló acabó convirtiéndose en una de las obras más imaginativas de Antoni Gaudí. Una casa donde la arquitectura se mezcla con la naturaleza, el arte, la ingeniería… y hasta con historias inesperadas como tiendas gourmet, galerías de arte o estudios de animación escondidos entre sus paredes.

Esperamos que el post te haya gustado y que pronto puedas descubrir la Casa Batlló con tus ojos. ¿Quieres conocer más curiosidades de la Casa Batlló?

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Imagen de Rober y Lety

Rober y Lety

Somos Rober y Lety, una pareja italo-española que empezó a viajar por el mundo en 2011, justo cuando nació este blog. Desde entonces hemos recorrido unos cuantos países, vivido aventuras, alguna que otra desventura y acumulado un buen puñado de historias que vamos contando por aquí.

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