¿Buscáis ideas de cosas que ver y hacer en Pingyao, uno de los pueblos medievales más bonitos de China? En este artículo os contamos nuestra experiencia. Pingyao fue una de esas certezas desde el primer momento en que empezamos a planear el viaje. En cuanto leímos que existía una ciudad amurallada, llena de farolillos rojos y ambiente antiguo, lo tuvimos clarísimo: teníamos que verla.
Y así fue. Viajamos desde Xian en tren nocturno durante unas 12 horas (sí, China y sus distancias), y al llegar nos estaba esperando la propietaria del alojamiento donde nos íbamos a quedar: el Pingyao Harmony Hotel, ¡todo un acierto! La verdad es que llegar tras un viaje largo, sin tener que buscar el hotel andando ni negociar a lo loco con un tuktukero medio dormido, fue un auténtico lujo.
Y a las 6 am todavía un poco dormidos, tuvimos el primer flechazo con esta ciudad. La primera luz de la mañana, con su color dorado, lo muestra todo más mágico, así que la gran muralla que protege el casco antiguo, el mercado, los vendedores y los viejecitos en bicicleta parecían imágenes antiguas y nos pareció de haber sido catapultados a otro lejano tiempo.
La sensación inevitablemente se desvaneció más tarde, cuando, los móviles, las motos, las tiendas de recuerdos y todo el frenesí del tiempo moderno nos recordó que estábamos en la China capitalis… ops, «comunista” actual! Pero, aun así, Pingyao es diferente a todo lo demás que vimos hasta el momento… ¿Listo para conocer este pueblo de cuento?
Imprescindibles que ver y hacer en Pingyao
Pingyao no es solo un pueblo bonito lleno de farolillos rojos y calles de piedra. Es una joya histórica que ha conseguido llegar hasta hoy prácticamente congelada en el tiempo. Y eso, en un país que ha cambiado tan rápido como China, es un milagro.
Esta ciudad amurallada nació allá por el siglo XIV, durante la dinastía Ming, aunque ya había algo antes. Lo fuerte vino después, cuando Pingyao se convirtió en uno de los grandes centros financieros del país. Aquí se fundó el primer banco de China (sí, el primero de todos), lo que convirtió a este lugar en una especie de Wall Street medieval, pero con casas de té en vez de rascacielos. De hecho, muchas casas tradicionales que veréis por el casco antiguo eran las oficinas y residencias de esas familias banqueras que manejaban el cotarro.
La ciudad vivió su época dorada durante las dinastías Qing y Ming, cuando no paraban de llegar comerciantes, dinero y más comerciantes. Pero como todo lo que sube… ya sabéis. Con el paso del tiempo, las rutas comerciales cambiaron, los bancos se trasladaron a otras ciudades más modernas y Pingyao cayó en el olvido.
Y ahí está el plot twist: ese olvido fue su salvación. Gracias a que nadie la tocó durante décadas, Pingyao se mantuvo tal cual, sin rascacielos, sin centros comerciales y con un ambiente que parece sacado de una peli de época. Hoy en día, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y uno de los mejores ejemplos que quedan en China de cómo era una ciudad tradicional amurallada.
¿Te vienes a descubrir todo lo que ver en Pingyao? ¡Vamos allá!
1. Muralla de Pingyao
Subirse a la muralla de Pingyao es un planazo, y no solo porque sea histórica y tenga más de 600 años, sino porque es de las pocas murallas en China que siguen enteritas y se pueden recorrer de cabo a rabo (aunque aviso: son más de 6 km, así que llevad piernas o motivación extra).
Allí arriba el ajetreo desaparece, los tejados grises se alinean como en un tablero de ajedrez y los farolillos rojos parecen flotar entre las casas tradicionales. Si además pilláis el atardecer, el combo es ideal: cielo dorado, cero gente y una Pingyao mágica vista desde lo alto. Eso sí, cuidado con las piedras sueltas, que entre lo bonito del paisaje y los escalones irregulares, más de uno ha dado el clásico tropezón disimulado.
2. Templo de Confucio
El Templo de Confucio de Pingyao es uno de los más antiguos de China (nada menos que del año 1163) y, sorpresa: está increíblemente bien conservado. Vamos, que aquí no hace falta mucha imaginación para teletransportarse a otra época.
La entrada ya impone con esa arquitectura clásica y simétrica que tanto le gustaba a Confucio. Dentro os espera un oasis de calma: patios amplios, salones de madera oscura, inscripciones antiguas y hasta una especie de bosque de estelas con exámenes imperiales tallados en piedra (sí, ¡exámenes!). Esto era como el Harvard de la China imperial. Aquí venían a empaparse de filosofía los futuros funcionarios, que no lo tenían nada fácil, por cierto.
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3. Museo Casa de Finanzas Rishengchang, de lo más interesante que ver en Pingyao
¿Sabíais que Pingyao fue el epicentro financiero de China antes de que existieran las tarjetas de crédito? Pues sí, aquí nació el primer banco del país: el Rishengchang, fundado en 1823. Y no, no era un banco cualquiera; era el primer banco de letras de cambio de China, lo que significa que los comerciantes podían enviar dinero de una ciudad a otra sin tener que transportar lingotes de plata. ¡Todo un avance para la época!
Sin dudas, es de las cosas más curiosas que ver en Pingyao y merece acercarse para echar un vistazo.
4. Calle Mingqing
Si Pingyao tuviera un corazón que late fuerte cada día, sería esta calle. La calle Mingqing es la gran arteria del casco antiguo y, básicamente, donde sucede de todo. Aquí se mezclan turistas con locales, farolillos rojos con fideos humeantes, y tiendas de recuerdos con casas tradicionales que parecen salidas de una peli de época.
Pasearla es como entrar en un decorado, pero sin filtros. Las fachadas son una pasada, muchas con puertas de madera tallada, carteles en caracteres chinos dorados y ese aire de “aquí no ha pasado el siglo XXI”. Eso sí, al loro con los altavoces que sueltan música tradicional china a todo volumen como si fuera un festival… porque sí, en Pingyao también hay banda sonora obligatoria.
En Mingqing encontraréis de todo: hanfus para alquilar, puestos de comida callejera, tiendas de papel recortado, artesanía, tés, baratijas varias y hasta algún gato dormido entre los adoquines. Ideal para perderse, picar algo, hacer fotos y practicar el noble arte del regateo si se tercia.
¿Un consejo? Volved también por la noche. Cuando se encienden los faroles, la calle se transforma: hay menos gente, más magia, y un ambiente tan bonito que os costará dejar de hacer fotos cada cinco pasos.
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5. Gastronomía y qué comer en Pingyao
Vale, lo confesamos: Pingyao no solo nos conquistó por su muralla y sus templos. También nos ganó por el estómago. Porque sí, esta ciudad tiene una gastronomía sencilla, pero con carácter, perfecta para los que disfrutan probando sabores locales sin miedo (bueno… con un poquito de miedo a veces).
Lo más típico es el Pingyao niúròu o ternera curada al estilo local. La encontrarás en todas partes: en sopas, en panecillos, en platos fríos… incluso envasada al vacío para llevarte de souvenir. Tiene un toque especiado y salado que engancha. Vamos, que no hace falta ser carnívoro nivel experto para pillarle el gusto.
También hay que probar los fideos de mijo (youmian), muy tradicionales de esta zona. Y como no, dumplings en todas sus formas.
Muy turístico es, no se puede negar, pero a diferencia de otros sitios que se quieren vender como lo “más auténtico” en Pingyao, para nosotros, algo de autenticidad queda. Y es que solo con salir de las 4 calles principales puedes ver en las veredas mujeres que preparan la comida, niños que sentaditos en su silla vigilan la puerta comiéndose un tentempié, perros que salen a explorar el territorio, perros que prefieren una buena siesta y abuelitos que pasean con sus nietos.
Y de repente llega ÉL. El nene más punk de toda China y te recuerda una vez más los tiempos que corren… jeje que majete era!
Lo cierto es que hay más cosas que hacer en Pingyao: perderse por sus callejones menos transitados, donde los farolillos se balancean en silencio y los gatos duermen como si el tiempo se hubiese parado; colarse en patios escondidos, pisar el templo taoísta de Qingxu Guan o el Muro de los Nueve Dragones, un mural decorativo de piedra tallada con figuras de dragones, símbolo de poder y protección en la cultura china.
Vamos, que dos días en Pingyao son ideales para visitar sus principales rincones turísticos y perderse por las callejuelas de la ciudad. Nos encantó, la verdad, además la gente nos pareció majísima y curiosa. Pingyao fue nuestra penúltima parada en China, tras despedirnos de este magnífico pueblo medieval pusimos rumbo a la última etapa… y pedazo etapa: Pekín. Pero esa es otra historia…
¿Conoces más cosas que ver y hacer en Pingyao? ¿Has estado? ¿Te gustó el pueblecito?
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4 comentarios en “5 cosas que ver y hacer en Pingyao”
¡Hola chicos! Me gusta vuestro blog, y la verdad que es muy buena la información, se agradece muchíiiiisimo. Ademas, escribiís con mucha gracia, ¡es casi cómo si estuviera con vosotros! jajajajaja (también ayudará mi imaginación 😉 . Os querria hacer una pregunta si no os molesta, cuando hicisteis el viaje a China ¿era posible comprar el mismo dia el tren o es obligado reservarlo con antelación?
Muchas grácias y suerte en vuestras aventuras 😉
Hola Iván!! Muchas gracias por tu comentario! Nos alegra muchísimo que podamos transmitir un poquito de las sensaciones de nuestro viaje. En cuanto a los trenes, la verdad es que a nosotros nos recomendaron sacar con algún día de antelación, así que lo que hacíamos era nada más llegar a un destino donde nos quedábamos algunos días, sacábamos el tren para el siguiente destino que saldría pues eso, en dos o tres días. El método nos funcionó. Ahora, que si se puede sacar e billete en el mismo día… pufff, pues no sabríamos decirte, pero quizás es arriesgar demasiado, no? Un saludo!
Hola!!!
La info que habéis aportado está genial, se agradece!!!
Estoy pensando lo de pagar ese ticket para entrar a todos los sitios, pero en ningún blog encuentro dónde se podría comprar. ¿Os acordáis?
GRACIAS!!!
Hola Celia! Pues no sabríamos decirte, pero probablemente en todas las atracciones que incluye el ticket combinado se podría comprar. Cuando llegues a tu alojamiento pregunta que seguro que ellos lo saben mejor… Un abrazo y a pasarlo bien!