Consejos para hacer un safari (para viajeros primerizos)

Un safari en África es uno de esos viajes que muchas personas sueñan con hacer al menos una vez en la vida… Aunque esconde un peligro que no te imaginas: ¡engancha! Te lo decimos por propia experiencia. Si es tu primera vez y andas más perdido que una hiena en la selva amazónica, vamos a darte unos cuantos consejos para hacerte un safari por primera vez y te contaremos todo lo que nos hubiera gustado saber antes de emprender esa aventura.

Un safari es mucho más que ver animales (aunque, todo sea dicho, es el objetivo principal). La expresión que se suele usar es «game drive«, donde la intuición y el azar juegan papeles protagonistas… Porque efectivamente participarás en una especie de juego, pero en el que no se pierde nunca, ya que cada game drive tiene su recompensa. A veces un león, a veces un escarabajo pelotero (que, oye, tiene su encanto), a veces un amanecer de película, a veces escuchar los sonidos de la naturaleza y tener la sensación de estar dentro de un documental.

Pero para que tu experiencia en un safari en Tanzania o en cualquier otra parte del planeta sea realmente increíble (y no una sucesión de pequeños errores evitables), conviene tener en cuenta algunos aspectos fundamentales que vamos a desgranarte a continuación. ¡Dentro nuestras recomendaciones para planificar un safari inolvidable!

1. Elige bien el país y el parque

Aunque hay oportunidades de realizar safaris casi en cualquier rincón del mundo, todos pensamos en un continente en concreto si nos imaginamos buscando animalillos a lomos de un jeep: ¡África! Pero África es enorme y cada destino de safari tiene características muy distintas. No todos los parques ofrecen la misma experiencia ni los mismos paisajes. Algunos de los mejores safaris de África son:

  • Parque Nacional Kruger en Sudáfrica, es perfecto si quieres hacer un safari por libre conduciendo tu propio coche. Las carreteras están asfaltadas y bien señalizadas, hay infraestructuras y alojamientos dentro del parque, y es relativamente fácil y barato organizar el viaje por tu cuenta.
  • Serengeti en Tanzania y Masái Mara en Kenia, son probablemente los parques más icónicos de África. Aquí tiene lugar la famosa gran migración, uno de los mayores espectáculos de la madre naturaleza, cuando millones de ñus y cebras cruzan las llanuras siguiendo las lluvias.
  • Parque Nacional Etosha en Namibia, este parque gira alrededor de un enorme salar blanco donde los animales se concentran en pozas de agua, lo que hace que sea más fácil observarlos. Además, puedes aprovechar el viaje y disfrutar de una ruta en 4×4 por un país espectacular.
  • Parque Nacional Chobe en Botsuana, famoso por sus enormes manadas de elefantes y por la concentración de fauna alrededor del río Chobe.

¿Cómo elegir bien el parque? Depende de muchos factores: tu presupuesto, el tipo de viaje que tienes en mente, la época del año, la duración, si prefieres una experiencia más aventurera o más cómoda…

Ojo con las tasas de entrada a los parques: en los parques más famosos de África se paga una tasa diaria por persona que puede ser realmente elevada (de incluso 200 USD por día y persona), lo que encarecerá el viaje si planeas estar muchos días de safari.

2. Decide qué tipo de safari quieres

Una vez elegido el destino, el siguiente paso es decidir qué tipo de safari encaja mejor contigo.

El formato más común es el safari en lodge, en el que te alojas dentro o cerca del parque natural y realizas salidas en vehículos 4×4 con guías profesionales. Estos safaris suelen hacerse en grupos pequeños y el guía se comunica por radio con otros rangers para localizar animales. Son los más comunes en Tanzania, Kenia o Botsuana.

Otra opción muy popular es el self-drive safari, especialmente en países como Sudáfrica o Namibia. En este caso, alquilas un coche y conduces tú mismo por el parque. Es una experiencia muy libre y bastante más económica, aunque requiere algo más de planificación.

También existen los safaris de lujo, con lodges espectaculares en plena naturaleza, comida gourmet y vehículos privados. Países como Botswana o Zambia son perfectos para un capricho así.

Lo importante es tener claro que ninguno tiene por qué ser mejor que otro: simplemente ofrecen experiencias diferentes.

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3. Mejor época del año para hacer un safari en África

Elegir bien la época del año puede influir bastante a la hora de llevarse una experiencia positiva de un safari en África. En términos generales, la estación seca suele ser la más recomendable, ya que la vegetación está más baja y los animales se concentran alrededor de ríos, charcas y abrevaderos, lo que nos facilita el trabajo. Además, los caminos de tierra están en mejor estado.

Durante la temporada de lluvias todo está más frondoso y, aunque el paisaje es más bonito, hace que los animales sean más difíciles de localizar. También, al haber agua repartida por todas partes, ya no necesitan concentrarse en puntos concretos y tienden a dispersarse más.

La estación seca en gran parte del África oriental y austral va de junio a octubre.

Dicho esto, también hay momentos muy concretos que atraen a muchos viajeros, como la Gran Migración entre el Serengeti y el Masái Mara. Este impresionante movimiento de millones de ñus y cebras se produce en distintos puntos del año y es uno de los mayores espectáculos naturales del planeta. Pero ojo, porque en ciertos cruces de ríos o zonas clave puede haber montones de jeeps como el tuyo esperando el momento, algo que va a quitarle épica al momento.

4. Las mejores horas y los mejores sitios para ver animales

Uno de los aspectos más importantes de un safari es saber cuándo están más activos los animales. La mayoría de mamíferos grandes de la sabana evitan las horas de más calor, por eso, los mejores momentos para observar fauna son al amanecer y al atardecer.

Durante el amanecer, los depredadores aún están activos después de la noche y muchos herbívoros salen a alimentarse. Al atardecer ocurre algo parecido: la temperatura baja y los animales vuelven a moverse.

La rutina típica de un safari suele ser algo así:

  • Salida antes del amanecer.
  • Regreso al lodge a media mañana.
  • Descanso durante las horas de calor.
  • Salida de nuevo por la tarde.

Esto significa madrugar bastante, pero también permite disfrutar de algunas de las escenas más bonitas del safari: la luz dorada sobre la sabana, los animales despertando o las sombras alargadas del atardecer. De verdad… no seas perezoso, que ya tendrás tiempo para dormir 😉

Además, hay algunos safaris que salen antes del amanecer o terminan después del anochecer y que tienen parte de aventura de noche, y nos parecen realmente interesantes (buscar ojos iluminados entre los arbustos con una linterna es adictivo).

Para identificar los lugares donde hay más opciones de ver animales, hay una palabra mágica: agua. Las manadas de cebras, antílopes, búfalos y demás animalillos de la sabana se concentran en las pozas que forman las lluvias para alimentarse, y a su vez los grandes cazadores irán tras sus huellas para hacer lo propio.

Trata de localizar ríos o pozas accesibles y, una vez estés cerquita, simplemente aparca y ármate de paciencia porque nunca se sabe cuándo empezará la acción. Pero siempre sin olvidar que los animales se mueven libremente, por lo que nadie garantiza que en una sección o lugar concreto vayas a ver una especie u otra.

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5. No vayas con las expectativas por las nubes

Muchos viajeros llegan al safari pensando que van a ver los Big Five en la primera hora de ruta, como si estuvieran dentro de un documental de la tele o en un zoo. La realidad es otra: los animales están en libertad y no siempre se dejan ver. Puede que un león aparezca a pocos metros del coche y te deje sin aliento… o que pases una hora recorriendo pistas polvorientas sin ver nada más espectacular que unas gacelas tomando el sol o caca de elefantes.

Ya te lo dijimos, es un juego, y ahí está la gracia, ¿no? Disfrutar del paisaje, del silencio, del viento y de esos pequeños momentos que hacen que, cuando llega lo épico, valga aún más la pena.

El principal objetivo que casi todos nos marcamos en nuestro primer safari en África es poder ver los Big Five: león, elefante, rinoceronte, leopardo y búfalo. Seguramente termines hinchándote a ver elefantes o búfalos, pero el leopardo es extremadamente esquivo y ver rinocerontes y leones tampoco está garantizado.

En los siguientes safaris irás ampliando la lista y, aunque los grandes felinos siempre serán máxima prioridad, también disfrutarás de pájaros raros, de pequeños mamíferos o de momentos o escenas preciosas, más que de avistamientos concretos.

Lo importante es entender que la magia del safari está precisamente en lo imprevisible de la naturaleza.

6. Lleva ropa adecuada (no es necesario disfrazarte)

Este es un punto que siempre genera cierta controversia y la realidad es más fácil de lo que piensas. No hace falta gastarse un pastizal en ropa técnica, ni tampoco se trata de disfrazarse de Indiana Jones (que no vas a ir en búsqueda del arca perdida), solo tener claro cómo es el día a día de un viaje de safari y entender qué ropa te va a resultar más cómoda.

Lo que sí te aconsejamos es vestirte por capas, ya que a primera y última hora puede hacer bastante frío, mientras que en las horas centrales el calor puede ser intenso. Además, dicen que lo ideal es llevar colores neutros (verde oliva, beige, caqui, marrón, crema…) y un calzado cerrado cómodo (aunque al final posiblemente vayas en sandalias, pues harás muchas horas sin salir del coche).

Pero lo dicho… ¿necesitarás de verdad un sombrero de explorador, un chaleco de mil bolsillos o unas botas de trekking? Pues no.

7. Los prismáticos son esenciales

Algo que muchos viajeros olvidan llevar, y luego echan mucho de menos, son unos prismáticos. Pero de los buenos, no de los que te deja tu primo porque se los regaló el banco XD. Aunque para ello tengas que rascarte un poco el bolsillo.

Antes de hacer nuestro primer safari en Sudáfrica tampoco le dábamos mucha importancia, pero de verdad es una inversión que agradecerás. A menudo, los animales están lejos o escondidos entre la vegetación y solo podrás verlos si llevas unos prismáticos profesionales.

Dos buenas opciones son: Olympus 10×50 S (los que nosotros compramos) y Nikon Aculon A211, aunque por unos 70-100€ hay opciones decentes. Además, al regreso, siempre puedes sacarles partido convirtiéndote en un mini experto bird watcher 😉

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8. Qué cámara (y objetivos) llevar

Si te gusta la fotografía, un safari es uno de los mejores viajes posibles. Lo ideal es llevar una cámara réflex o mirrorless con un teleobjetivo potente: algo entre 200 mm y 400 mm te permitirá acercarte a los animales sin convertirte en parte de su menú. Un objetivo versátil tipo 24-70 mm también viene bien para paisajes, escenas del campamento o esos momentos de jirafa posando como modelo, pero se quedará corto para los avistamientos de media distancia.

No olvides batería extra, tarjetas de memoria de sobra y protección contra polvo y arena si tu cámara no cuenta con sistema de sellado. También vimos mucha gente que llevaba una especie de cojines para apoyar la cámara (con sus pedazos de teleobjetivos) y no sostenerlas.

Si no cuentas con un equipo con estas características y realmente no vas a usarlo en otros viajes, tampoco es plan de gastarse miles de euros para unas fotografías.

Hay un último consejo MUY importante: no pases todo el safari mirando a través de la mirilla, ni te distraigas preparando la cámara si es un avistamiento fugaz. Esto lo aprendimos a base de perdernos momentos épicos por conseguir una buena foto recuerdo, pero hay instantes tan rápidos y únicos que es mejor disfrutar y grabar en la memoria.

9. Ten paciencia

La paciencia es sin duda la habilidad más importante en un safari. La experiencia también lo es, y los guías suelen detenerse durante largos periodos observando una zona concreta, pero sin la paciencia no vas a conseguir nada. Puede parecer que no ocurre nada, pero muchas veces están esperando a que aparezca un animal.

A veces un avistamiento increíble ocurre después de mucho rato de espera. La sabana funciona a otro ritmo, y parte de la experiencia consiste en adaptarse a él.

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10. Respeta las normas y escucha siempre al guía

Si vas a realizar un safari por libre, es vital que respetes las restricciones del parque para no llevarte sustos y no incurrir en hechos delictivos. No sobrepasar el límite de velocidad, cumplir los horarios, no bajarse del coche, obviamente no dar de comer a ningún animal, no tirar basura, no volar el dron, etc. Un safari responsable implica observar sin alterar el entorno y nuestro trabajo como viajeros es admirar, aprender y, sobre todo, no dejar huella.

Por el contrario, si haces un safari guiado, el guía es Dios: no solo tiene los ojos entrenados para encontrar animales como nadie, también conoce su comportamiento y sabe cómo reaccionar en cada situación. Por eso es fundamental seguir sus indicaciones. Los animales están acostumbrados a los vehículos, pero cambios bruscos en el comportamiento humano pueden asustarlos.

11. Protégete del sol

Muchas horas en un vehículo abierto significan muchas horas expuesto al sol africano. Así que no se te olvide el protector solar, las gafas de sol y beber cada cierto tiempo (eso sí, identifica los baños más cercanos en el mapa). Además, a mí me vino bien tener a mano bálsamo labial: a menudo el clima es muy seco y es recomendable hidratar los labios.

12. No te centres solo en los grandes animales

Es fácil obsesionarse con los leones o los elefantes, pero un safari tiene mucho más que ofrecer. Aves de colores espectaculares, pequeños animales curiosos y qué decir de los paisajes impresionantes de la sabana. En parques como el Kruger en Sudáfrica venden guías donde, entre otra info, se muestran los animales que viven en ese entorno y explican algunas de sus curiosidades.

Yo me hice muy fan de las hienas a raíz de observarlas de cerca: son un animal fascinante. No solo son los “risueños” de la sabana; son matriarcado puro. Las hembras mandan, los machos obedecen y la manada entera funciona como un pequeño ejército perfectamente organizado. Cada movimiento, cada cacería y cada carcajada tiene un sentido, y cuando aprendes a leer sus gestos y sonidos, ves la sabana de otra manera.

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13. Disfruta del silencio

Uno de los momentos más especiales de un safari ocurre cuando el motor del vehículo se apaga y todo queda en silencio. O mejor dicho… empieza la banda sonora del parque: viento moviendo la hierba, el sonido de los pájaros, algún crujido lejano en los arbustos… o las tripas que se retuercen porque ya piden algo rico que comer, jeje.

14. Ojo con los elefantes (musth)

¿Crees que el mayor peligro de un safari es que un león te salte encima? Spoiler: va a pasar de tu culo como si no existieras. Por experiencia, creemos que los animales más “peligrosos” para un safari (especialmente si lo haces por libre) son los elefantes. Por lo general, son tranquilos, pero si sienten que invadimos su espacio o que les bloqueamos el paso, pueden ponerse nerviosos y reaccionar de forma bastante intimidante. Esto ocurre especialmente cuando hay crías en el grupo.

Además, existe un momento concreto en el que conviene extremar las precauciones: el musth. Durante esta fase, que afecta a los jóvenes machos, los niveles de testosterona se disparan y el elefante se vuelve mucho más agresivo e impredecible. Es relativamente fácil reconocerlo porque suelen tener una secreción oscura que baja por los lados de la cabeza (desde las glándulas temporales), a veces goteo de orina mientras caminan y un comportamiento inquieto.

Si detectas estos signos, lo mejor es mantener una distancia de seguridad, no hacer ruido ni movimientos bruscos y, si el elefante se acerca, retroceder lentamente. Nunca intentes pasar por delante de él ni acercarte; dale su espacio y su tiempo para que se aleje. Recordemos un pequeño detalle: estamos hablando de animales que pueden pesar más de seis toneladas.

15. Sentido común y “generosidad”

Más allá de no hacer tonterías (salir del coche para ver mejor una escena, entrar en zonas prohibidas, dar de comer a los animales), hay algo que molesta bastante a los verdaderos amantes de este tipo de viaje… y es no ser generoso. Por ejemplo, si estás con el coche aparcado viendo una escena espectacular, no te apalanques allí media hora si hay más gente esperando.

La norma no escrita del safari es sencilla: disfruta el momento, pero deja también que otros lo disfruten. Quédate unos minutos, observa con calma, haz tus fotos… y luego avanza un poco para que el siguiente coche tenga también su oportunidad.

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Más consejos para tu primer safari

Para rematar nuestra super guía de «cómo hacer un safari para principiantes», te dejamos unas cuantas recomendaciones que te vendrán fenomenal:

  • Si tienes claras las fechas, reserva cuanto antes los alojamientos, los tours y el resto de servicios. Por ejemplo, en el Kruger los campamentos se quedan sin disponibilidad meses antes de la fecha.
  • En muchos parques hay libretas con las especies que viven allí: cómpralas porque va a ser muy útil a la hora de identificar los animales.
  • Observa los árboles. Cuando empezamos un safari, solemos mirar solo al suelo o a la sabana, pero muchos animales están arriba. Un leopardo descansando en una rama, aves rapaces vigilando el territorio o incluso monos moviéndose entre las copas.
  • Fíjate en otros coches, porque los atascos o la concentración te van a indicar que por ahí se esconde algo interesante.
  • Aprende a interpretar las señales del parque. A veces no vemos al depredador, pero sí pistas de que está cerca: impalas mirando fijamente hacia un punto, aves carroñeras volando en círculos o monos lanzando llamadas de alarma. Los guías profesionales se fijan mucho en estos detalles.
  • Lleva siempre agua y algo de comida. En muchos parques las distancias son largas y las zonas de descanso están bastante separadas.

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Ya lo has visto, hacer un safari es una de esas experiencias que nos reconectan con la naturaleza de una forma difícil de explicar con palabras. Hay algo hipnótico en ver a los animales moverse libres, ajenos a nuestra presencia, y si elegimos bien el destino, viajamos con un poco de paciencia y dejamos espacio para la sorpresa, lo más probable es que el safari termine colándose en la lista de viajes inolvidables. De esos que años después vuelven a la memoria con lagrimillas de felicidad en los ojos (intensitos nosotros).

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