Podríamos definir el Museo del Louvre de París, como el Santo Grial del arte por una sencilla razón: entre sus muros se exponen muchas de las obras más importantes de la historia del arte y la humanidad. Con una colección de más de 35,000 objetos que abarca desde antigüedades hasta arte moderno, recorrer sus salas es una experiencia inolvidable, pero también puede ser abrumadora. Para que no te estreses innecesariamente, hemos preparado esta selección con las 10 mejores obras que ver en el Louvre.
¿Listo para empezar la ruta? ¡A por ello!
1. La Gioconda de Leonardo da Vinci
Si hay una obra que sí o sí tienes que ver en el Louvre, esa es La Gioconda, o para los amigos, la Mona Lisa. Pintada por Leonardo da Vinci entre 1503 y 1506, este enigmático retrato ha tenido a la humanidad hipnotizada durante siglos, gracias a la sonrisa ambigua que se dibuja en la cara de la joven y a esa mirada que parece seguirte allá donde vayas.
Aunque su tamaño es bastante reducido (77 cm x 53 cm), tiene la capacidad de sorprender a todo el que la observa por primera vez en persona. Estamos hablando de la obra más famosa del mundo, alrededor de la cual hay un halo de misterio, con numerosas teorías sobre su identidad y su significado.
Recuerda que es la obra más visitada del Louvre, así que prepárate para las aglomeraciones y resiste a la tentación de dar empujones 😛 Lo ideal sería ir a primera hora o bien cerca del cierre y así evitar la mayor parte del gentío. Y después de admirarla, aprovecha para darte una vuelta por esa misma sala, pues alberga otras pinturas famosas del Louvre que merecen mucho la pena.
2. El Código de Hammurabi
El Código de Hammurabi es una de las piezas más importantes de la historia antigua y una visita obligada en el Louvre. Se trata de una estela de basalto negro de 2,25 metros datada en el siglo XVIII a.C., que contiene el primer conjunto de leyes escritas en la historia de la humanidad. Fue creado bajo el reinado del rey Hammurabi y detalla más de 280 leyes que regulaban la vida cotidiana en Babilonia. Hablamos de todo: desde el comercio hasta la familia, pasando por la justicia y el trabajo.
En la parte superior se ve una escultura tallada que representa al rey Hammurabi recibiendo las leyes directamente de la deidad Shamash, dios del sol y de la justicia. Y justo debajo aparece el texto grabado en escritura cuneiforme, con más de 280 disposiciones, entre las que destaca la famosa «ley del talión«, que no es más que el tan recurrente «ojo por ojo, diente por diente».
Además de su innegable belleza, esta obra tiene un gran valor histórico porque sentó las bases del derecho y nos da una idea de cómo eran las primeras sociedades organizadas. Sin duda, se trata de una de las esculturas más famosas del Louvre.
3. Venus de Milo
La Venus de Milo es una de las esculturas más icónicas de la antigua Grecia y del arte clásico. Fue elaborada alrededor del 130-100 a.C. y descubierta en la isla de Milo en el año 1820, de ahí su nombre. Se cree que representa a Afrodita (Venus en la mitología romana), la diosa del amor y la belleza. Aunque la estatua está incompleta (le faltan los brazos), su elegancia y armonía siguen cautivando a los visitantes.
Mide 2,02 metros de altura y fue esculpida en mármol teniendo en cuenta el ideal de perfección del cuerpo humano que caracteriza la escultura de la época. Tiene una pose sutil, con el torso ligeramente inclinado y un rostro delicado. Fíjate en el drapeado de su vestido que cae alrededor de las caderas, que insinúa movimiento y vida. Nos ha parecido uno de los mejores ejemplos de belleza clásica.
Y si eres fan de los Simpson, tienes otro motivo para ir a verla (sí, es ESA Venus!)
4. Estatua de Ramsés II
Otra de las esculturas más impresionantes del Louvre es la que representa al faraón Ramsés II sentado en un trono, vestido con la corona real y con su gesto hierático y ese aura de majestuosidad. Este faraón, que reinó entre 1279 y 1213 a.C. durante el Imperio Nuevo, estaba bastante decidido a dejar su marca en la historia, y vaya si lo hizo. La estatua mide más de 2 metros de altura y muestra toda su megalomanía, ops, queríamos decir grandeza.
No nos olvidemos que este faraón, conocido como «Ramsés el Grande», fue uno de los que gobernó durante más tiempo en la historia de Egipto. Durante su reinado, logró importantes victorias militares y trajo estabilidad política y económica. También fue famoso por sus gigantescos proyectos constructivos, de los que destaca el templo de Abu Simbel, aquel que quedó sumergido bajo las aguas de la presa de Asuán y fue trasladado, piedra a piedra, a una posición más elevada para salvarlo.
5. El escriba sentado
Se trata de una de las piezas más antiguas y fascinantes del Louvre, una escultura egipcia que data de entre 2620 y 2500 a.C. Esta figura tallada en piedra caliza y pintada con detalle, muestra a un escriba en plena acción, con un papiro extendido sobre sus piernas cruzadas. Lo que realmente llama la atención son sus ojos, hechos con cristales de roca, que la dotan de una sensación de vitalidad y realismo increíble.
Tanto la posición relajada del cuerpo como el gesto concentrado del escriba reflejan cierta humanidad. Algo que no se observa en otras estatuas de faraones, como la anterior, que suelen mostrar figuras rígidas y apagadas, lo cual tiene cierto sentido.
6. Victoria de Samotracia
La Victoria de Samotracia, también conocida como la Niké de Samotracia, es una de las esculturas más impactantes que puedes ver en el Museo del Louvre. Representa a la diosa alada Niké, el símbolo de la victoria, en una posición de movimiento. Como dando la impresión de que en cualquier momento va a echar a volar.
Fue esculpida entre el 220 y 190 a.C. para conmemorar una victoria naval y su descubrimiento tuvo lugar en la isla de Samotracia en el año 1863. Con los años perdió alguna que otra extremidad, como por ejemplo la cabeza y los brazos (¡un pequeño detalle!), aunque conserva esa sensación de movimiento por ejemplo en los pliegues de su vestimenta que parecen bailar con el viento.
Mide 2,75 metros de altura y personalmente nos parece una de las piezas más bonitas de la colección. Así que no te la pierdas por nada del mundo.
7. Las Bodas de Caná
Tras unas cuantas esculturas volvemos a una de las pinturas más famosas del Louvre. Fue creada por Paolo Veronese en el año 1563 y es considerada una obra maestra del Renacimiento italiano. Además de la sublime técnica y los magníficos detalles, llama poderosamente la atención su tamaño: mide nada menos que 6,77 metros de alto por 9,94 metros de ancho. ¡Es enorme!
La pintura captura el famoso milagro bíblico donde Jesús convierte el agua en vino en una boda en Caná de Galilea. Lo que se puede apreciar de esta obra es cómo Veronese llenó la escena con más de 100 personajes de todo tipo y clase (nobles, músicos, sirvientes y hasta animales), interactuando entre sí en un ambiente festivo. Así que prepárate a dedicarle unos cuantos minutos y descubrir todos sus detalles.
8. La balsa de la Medusa
La balsa de la Medusa es una de las pinturas más impactantes del Louvre, y una de las obras más representativas del Romanticismo. Esta dramática composición de Théodore Géricault, pintada en 1818-1819, narra el naufragio de la fragata Méduse en la costa de Mauritania unos años antes. Un evento trágico que sucedió en la realidad.
Después de que el barco se hundiera en una terrible tormenta, 147 personas terminaron a la deriva en una balsa improvisada, ¡de los cuales solo 15 lograron sobrevivir! La pintura captura el momento desesperado en que los náufragos avistan un barco a lo lejos.
Cuentan que Géricault realizó una investigación profunda para su obra, incluyendo visitas a hospitales y morgues. Esto le ayudó a impregnar ese realismo brutal a las expresiones de sufrimiento y desesperación de los protagonistas.
9. La coronación de Napoleón
Seguimos con otro hecho histórico del que hay constancia en los muros del Louvre. En este caso la fastuosa coronación de Napoleón Bonaparte en la catedral de Notre-Dame en 1804, cuando se autoproclamación emperador de Francia, un hecho que rompe absolutamente con tradición, donde el papa era quien coronaba al monarca. En la escena podemos ver que es el propio Napoleón quien toma la corona de las manos del Papa para colocársela a si mismo. Algo muy suyo por otro lado.
El cuadro pintado por Jacques-Louis David en 1805-1807 es un símbolo del poder y la ambición de Napoleón, y el autor, como pintor oficial de la corte, supo plasmar la magnificencia del Imperio Napoleónico.
10. La Libertad guiando al pueblo
En un museo tan emblemático de la identidad francesa como el Louvre no podía faltar una obra que simbolizara la lucha por la libertad y el cambio social, como «La Libertad guiando al pueblo» de Eugène Delacroix, una obra que combina realismo e idealismo en una escena llena de energía.
La pintura, inspirada en la Revolución de Julio de 1830 en París, muestra a la Libertad, personificada como una mujer con el pecho descubierto, levantando la bandera tricolor de Francia mientras guía al pueblo sobre los cuerpos de sus enemigos. Alrededor de ella hay personajes que representan distintas clases sociales unidas en la revuelta, un hecho que la ha convertido en un ícono de la lucha popular.
Es sin duda una de las pinturas más admiradas del Louvre. No solo por su carga política, sino también por la maestría de Delacroix al tratar el color, la luz y el movimiento.
¡Y así concluye nuestro recorrido por algunas de las mejores obras del Louvre! Y ojo, que solo te hemos hablado de 10 piezas maravillosas, pero entre los pasillos del museo más famoso de Francia podrás ver miles de obras espectaculares. Dedica al menos medio día al museo, aunque si tienes tiempo no es mala idea pasar un día entero (y eso que ni en un mes se podría apreciar entero!). Nosotros ya nos hemos hecho la promesa: la próxima vez que vayamos a París pasaremos todo el día en el Louvre!
→ Si tienes ganas (y tiempo) de visitar otros museos, aquí va nuestro post de los Mejores museos de París
¿Nos hemos olvidado alguna obra maestra? ¿Cuáles son para ti las mejores obras que ver en el Louvre?
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