DESVENTURAS: LA CROQUETA MALAYA

Estaba en Kuala Lumpur, huesped de Cristina que regenta una guesthouse muy, muy, muy bonita, cuando de repente:

– “¿Te gusta cocinar?”
– “Si! Me encanta” – Y pienso ¿me encanta? Amo comer, ¿pero cocinar?
– “Entonces mañana hacemos una cena en mi casa, yo cocino Nasi goreng con lemongrass y tu algo español”

Y pienso. ¿Algo español? Vale. Me sé una fácil… -“Bieeen! Te voy a hacer una tortilla de patatas”-

– “Nooo! Tortilla no, que ya la comí muchas veces”

Joer. Piensa… rápido! -“Croquetas! Voy a preparar croquetas!”-

¿Croquetas Lety? ¿¿ En serio?? ¡Pero si nunca me salen! La bechamel se queda siempre súper liquida y una vez tuve que utilizarla como salsa para la pasta, como buena italiana, para no tirarla! Puff… a ver que tal se me da!

EL DÍA DE LA CROQUETA MALAYA

A la cena internacional se nos une una australiana recién llegada de Perth. La pobre tiene un jet lag que flipas y se le nota, pero no puede decirle que no a Cristina. Así que las 3 cruzamos Kuala Lumpur en coche y nos dirigimos al barrio de Cristina, justo a las afueras de la capital malaya. El supermercado es una pasada: tipo Mercadona, pero a lo bestia. No en tamaño sino por cantidad de productos: hay de to-do, y es que Malasia cada vez es más internacional, se nota hasta en las estanterías de las tiendas alimentarias.

Tenemos una lista de la compra, como cada chef que se respete… para las croquetas necesito:

  • Leche
  • Harina
  • Huevos
  • Pan rallado
  • Aceite
  • Pollo
  • Jamón serrano

Bien: leche, huevos, pollo y aceite ya están en el carrito. Cris me dice que ya tiene en casa pan para rallar y harina. Nos dirigimos a la zona de charcutería y… sorpresa: Cris me indica súper feliz el jamón serrano, que no es otra cosa que salchichón. Pues no Cris, no… eso no es jamón serrano.

Comenzamos bien, pienso, aunque bueno, las croquetas de pollo también están ricas. La australiana pilla unos raviolis italianos que cuestan un riñón, setas y vino australiano (al parecer tiene que ser muy bueno, yo como no diferencio un Rioja de un Don Simón me fío). Y Cris ya tiene todos los ingredientes para su arrocito malayo con nombre impronunciable.

COCINANDO

Estamos las 3 en la cocina más animadas que Arguiñano en una feria de pinchos: la australiana con su salsa de setas, Cris preparando su arroz (que lleva lemongrass y una pasta de gambas que huele a pedo) y yo rezando para que la bechamel quede bien. Rezos atendidos: nunca nunca nunca me quedó tan bien, espesita y sabrosa, Rober estaría orgulloso de mí. Pongo mi masa en la nevera y nos vamos a tomar el vinillo australiano que estaba bueno, pero como no entiendo…

*Nota: si me invitáis a un vino no os gastéis el dinerito en botellas buenas, en serio, un tinto de verano es perfecto*.

Al cabo de un rato volvemos a rematar la cena. Saco la masa de la nevera y me preparo para dar forma a las croquetitas más monas de malasia.

– “Cris ¿me das el pan así lo rallo?”
– “Si, mira, cógelo tú, está en el primer armario”

Voy, lo cojo, cojo también el rallador y comienzo a darle qué te pego, hasta que… “qué cojones es esto?» ¡Hormigas! El pan estaba lleno de hormigas: inutilizable. ¡Me cachis! Y ahora ¿cómo hago croquetas si tengo un kilo de masa, son las 8 de la tarde, todo está cerrado y aquí no hay nada para rallar?!

“No te preocupes “ me dice Cris “tengo más pan”.

Pfiu: ¡salvada! Espera, pero ¿qué es esto? La anfitriona me pasa unas tartas de maíz, de esas que se usan para hacer quesadillas . “Toma pan!”. ¿Toma pan? ¿Y qué se supone que voy a hacer con eso?

Ante las dificultades el ser humano saca ideas increíblemente torpes o geniales… y cuando la torpeza se funde con la genialidad nacen cosas asombrosas. Por ejemplo, croquetas rebozadas en tortas de maíz hechas a la plancha y ralladas. No veas tu lo rico que salió el rebozado XD

Arguiñano, si me lees no te atrevas a reproducir mis croquetas malayas… están patentadas ®.

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